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Parafraseando a Monterroso, cada vez que vengo a Nueva York desde 1971, “el dinosaurio” está ahí, en la misma esquina de la calle 161, siempre rugiendo y aparentemente con la misma gente, apretada hasta el alarido por una vieja e inextinguible emoción. Ese “dinosaurio” es el Yanqui Stadium, ahora con un nuevo modelo pero calcado de la imagen conocida desde 1923, cuando se le conoció como “la casa que Babe Ruth construyó”. Ahora, es el hogar del último símbolo yanqui, Derek Jeter, intentando cerrar con brillantez una carrera también de huellas imperecederas.

¡Cómo se sienten los Yanquis en Nueva York! Ustedes van a las tiendas de la NBA y las de Adidas y Nike, con todo lo del fútbol mundial, y en ninguna de ellas hay tanta agitación por vídeos, souvenirs, libros, revistas, chaquetas, llaveros, como en cualquiera de las tres que tienen los Yanquis en la Calle 42, en la Quinta avenida, y en la Séptima. Uno comprueba que Babe Ruth vive, aunque ya no batea.

Después de haber estado en el viejo Yanqui Stadium en los inicios de los años 70 acompañando tres veces a Carlos García, y conocido el remodelado cubriendo a Denis Martínez desde 1976, agregando otras visitas, decidí aterrizar una vez más en Nueva York en el 2009 para estar en la apertura del nuevo parque, una maravilla arquitectónica con costo de mil quinientos millones de dólares. Ese día, Cliff Lee de los Indios enfrentó a C. C. Sabathia, ante la presencia de muchos inmortales de la franquicia encabezados por Yogui Berra, Don Larsen y Reggie Jackson. Salí bañado de emoción entre una multitud que seguramente superó el límite de 50,235 butacas.

Necesitaba sí un recorrido con calma, y tomé un tour interno por el Estadio hace unos días, que se extendió por casi hora y media, permitiéndome atravesar por todas las épocas. Se conservó mucho del parque original que lamentablemente fue demolido, para hacerle espacio por compromiso con la comunidad, a un parque poco llamativo. Los asientos son más amplios y acojinados en todos los sectores, pero las marquesinas, los gigantescos posters, los expuestos “dogouts” de Ruth y Gehrig, de Mantle y DiMaggio, las banderas, y sobre todo el ambiente, es el mismo de toda una vida escuchando los impactos de pelotas zumbantes chocando con maderos acelerados entre aullidos.

Así como Wembley es la catedral del fútbol, Yanqui Stadium lo es para el béisbol. Inaugurado en 1923, el viejo Yanqui Stadium se mantuvo en pie hasta el 2009, cuando fue desaparecido. Un escenario de peleas memorables por títulos mundiales como Louis-Schmelling, Basilio-Robinson, Zale-Graziano, Pep-Saddler y la tercera Alí-Norton; en ese terreno transitó el Rey Pelé jugando con el Cosmos; se realizaron tres misas papales, innumerables conciertos, y la grandeza de los Yanquis ganadores de 27 Series Mundiales.

El joven guía dominicano nos explica que solo hay 26 anillos, no 27, porque la primera vez que los Yanquis ganaron el banderín, se entregaban relojes. Luego nos lleva al salón dedicado exclusivamente a Mantle, y ofrece una charla sobre sus proezas y sufrimientos; seguimos con Ruth y Gehrig, “no eran los mejores amigos pero supieron llevarse. Juntos construyeron un rascacielos de récords”, apunta; nos lleva a las ventas de souvenirs, a los restaurantes, hace un recorrido por los dos dogouts y desemboca en la zona de los monumentos y las placas, detrás del jardín central. Le digo que en 1971, vi a Harmon Killebrew batear un triple aprovechando que la pelota se fue detrás de esos monumentos al coronel Ruppery, al manager Huggins, a Ruth, a Gehrig y Edward Grant, cuando quedaban dentro del terreno, y entra en detalles sobre el cambio al ser remodelado.

Y continúa: el número 8 fue retirado dos veces porque Yogui Berra solicitó permiso a Bill Dickey, en el 2008 se efectuó el último Juego de Estrellas en el viejo parque; en el 2009, los Yanquis abrillantaron el estreno de la nueva instalación con un título; informa que con esto de la seguridad, se revisa cada asiento antes de un juego; que la pantalla es la quinta más grande de las mayores; que las gorras variaron los colores con fines comerciales desde 1996; que ahora los anillos son de oro blanco; y que hay boletos con costo superior a los mil dólares.

Ahora estamos en el tercer piso, no hay nadie en el terreno, pero el grupo cree estar viendo a Babe Ruth acercarse al plato. Su imagen es imborrable. Pese a todo el modernismo inyectado, este nuevo Yanqui Stadium, parece ser el inaugurado en 1923, resistiendo las arenas del tiempo y las embestidas de los vientos.