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El punch, divino tesoro, otra vez destructivo.


Ganó Boston 7-5, un juego que se había desequilibrado en el propio arranque y que puso a prueba la capacidad de recuperación de los heridos Angelinos, forzando un empate 5-5 en el cierre del octavo, sólo para J. D. Drew, convirtiendo en astillas un lanzamiento del rey del taponeo, colocara una pelota en órbita con Coco Crisp circulando.

Como casi siempre, Boston recurrió al poder para resolver una ecuación que los Ángeles lograron complicar saliéndose poco a poco del hoyo. Ahora los Medias Rojas están en clara ventaja 2-0 con la serie trasladándose al Fenway Park, el “ombligo” del béisbol.

¡No está Manny, pero aquí estoy yo!, gritaba Jason Bay mientras le daba la vuelta al cuadro después de jonronear con dos a bordo en un primer inning de cuatro carreras contra Ervin Santana. Otra vez Bay estableciendo diferencia, pero fue necesario el estacazo de dos carreras conectado por J. D. Drew en el noveno, para destrozar a Rodríguez y decidir la batalla.

Montado en esa ventaja de 4 por 0, Daisuke Matsuzaka, cedió una carrera en el cierre impulsada por Torii Hunter, otra en el cuarto producida por Chone Figgins, y una más en el quinto, fabricada nuevamente por Hunter, antes que Hideki Okajima entrara en acción por Matsuzaka.

La quinta carrera de Boston en el inicio del cuarto, fue empujada por doble de Ellsbury, y los de California, empataron 5-5 anotando en los cierres del séptimo y octavo, estimulando al salvador de 62 juegos Francisco Rodríguez.

Sin embargo, la furia de Boston apareció en escena: doble de David Ortiz, corre Crisp como emergente, y Drew se vuela la cerca del right-center dejando a Los Ángeles a la orilla de la fosa.