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Román “Chocolatito” González, un auténtico mosquetero entre las cuerdas, espadachín de raza, nuestro pequeño y angosto “Picasso” frente al lienzo pincel en mano, descifrando al enemigo, trazando combinaciones fulgurantes, escalará mañana el cuadrilátero del Polideportivo España para intentar resolver con su destreza y autoridad, al colombiano de perfil zurdo y amplia experiencia, Ronald Barrera, quien ha disputado cinco veces títulos mundiales sin ninguna victoria, y cuyo balance de 31 triunfos, 11 reveses y dos empates con 19 nocáuts, obviamente no impresiona.

Se supone sí que una gran expectativa cobra forma por ver en acción a Román, un Campeón Mundial de las 108 libras altamente valorado, con posibilidades de golpear las puertas entre los mejores libra por libra. El escenario será el Polideportivo España, que registró su mayor entrada en 1977, cuando Francisco “Toro” Coronado cambio metralla sin agotarse, con furia casi homicida, con el estupendo mexicano José Torres, quien sorprendió al planeta boxeo derribando a Alexis Argüello en Mexicali. Esa noche, nadie podía moverse un paso dentro del Poli, y Ramón “Curro” Dossman, el competente e inolvidable entrenador panameño, estuvo al borde de la deshidratación.

Claro, los precios eran favorables, en tanto los 150 córdobas en tribunas populares, 400 en sitios preferenciales y 700 en VIP, podrían detener el impulso a las ventanillas de boletos, pero después de ver el alboroto que provocó Mayorga desde la nada, contra un peleador de boxeo mixto, una especialidad que no entiendo ni tengo interés en aprender, ser testigo de un show como el que puede fabricar “Chocolate”, es una atracción, sobre todo para bañarlo de admiración, cariño y reconocimiento por sus virtudes boxísticas.

Uno ve funcionar a “Chocolatito”, y grita: ¡Qué peleador tenemos! Se adueña del ritmo, impone la distancia, sostiene la iniciativa, decide cuándo y cómo aplicar variantes, y mata de diferentes formas. Hay que verlo trabajando con frialdad y resolviendo con fiereza. Es sencillamente indescifrable.

Este “Chocolatito” González que presiona, impacta y deslumbra, no ha necesitado tener a su lado adiestradores “graduados en Harvard” como el “Chilero” Carrillo, el “Curro” Dossman, Eddie Futch o Emanuel Stewart, para alcanzar esa brillantez admirable. Le ha bastado hasta hoy, con la sencillez de Arnulfo Obando. Eso lo engrandece más.

Aún en el furor y la confusión de la corta distancia, sus golpes tienen un trazado geométrico preciso. Va arriba con la derecha, golpea abajo con la izquierda, y puede cruzar con cualquiera de las dos manos. Sabe apretar al rival contra las sogas cerrando vías de escape, y logra ensayar descargas controladas. Es un espectáculo.

De ninguna manera se debe avanzar frontalmente contra “Chocolate”, y se tiene que tomar suficiente distancia para poder tener posibilidades de escapar. Por su velocidad de ejecución y poder, resulta temerario proponerle cambios de golpes, y en corto, hay que pelearle con los pies bien asentados. Es una ecuación terriblemente complicada.

¿Existe alguna fotocopia de Rosendo o el Finito en esas categorías, para verlo atravesar por un máximo de exigencia, como Leonard con Hearns, Oscar con Mosley, Louis con Billy Conn, o Robinson con LaMotta? Es difícil, por ahora, encontrar la aceptación de un peleador con ciertas posibilidades de incomodarlo, porque, ¿quién podría sentirse atraído a ese riesgo?

Con el boxeo atravesando por una crisis de valores y los pocos buenos esquivando peligros, “Chocolatito” podría llegar a sentirse como un Campeón en la soledad, aún en el casillero de las 112 libras, peso en el que está pactada la pelea de mañana con un poco de tolerancia.

Sus puños son dos martillos inclementes, sus golpes brotan como chispas eléctricas, su fogosidad no es derrochada sino muy bien administrada. Con esas características, necesita pelear más seguido, pero como apunta Carlos Pilato, en estos tiempos, eso no es fácil.

Ya vimos a Román sobrevivir enfrentando las dificultades que le fabricó “El Gallo” Estrada, y ahora está en plan de afilamiento. La gente de Prodesa, sin utilizar pinzas, ha seleccionado a este colombiano Ronald Barrera como el rival apropiado. Lo atractivo es poder ver el brillo de nuestro Picasso y respaldarlo.

 

dplay@ibw.com.ni

 

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