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En la película El Rey León, hay un pasaje remarcable por lo significativo del diálogo, y es cuando el pequeño Simba, en la cima de la montaña, le dice a su padre Mufasa: “quiero ser Rey para hacer lo que yo quiera”, y el viejo León, rascando su liderazgo, le responde, “no hijo, ser Rey no es para hacer lo que uno quiera, sino determinar lo más conveniente para todos”.

De eso debe estar claro Neymar, de 21 años, la nueva joya en el cofre del fútbol brasileño, firmado por el Barcelona, que se juntará con el astro argentino Lionel Messi en el área de ataque azulgrana, en busca de desarticular defensas, fabricar zozobra, sacudir redes, y revitalizar las pretensiones de un equipo que llegó a ser considerado hasta hace poco, como el mejor del planeta.

En el Santos él era el eje del engranaje ofensivo, incluso con luz verde para improvisar y maniobrar, es decir, casi, casi, hacer lo que quería como soñaba Simba, en tanto en la Selección de Brasil, está más bajo control, y esa dependencia seguramente será mayor a la orilla de Messi, también joven con 26 años, pero lo suficientemente maduro, altamente evolucionado y mayúsculamente respetado. “Es como jugar a la orilla de Pelé”, podría decir Coutinho, el gran complemento del Rey en aquel Santos, y también Tostao, quien fue su cómplice en la mayoría de las maniobras combinadas en la Selección de 1970.

Coutinho y Tostao aprendieron a leer a Pelé, un mago de la improvisación, generador de lo inesperado, vertiginoso en su accionar y de súbitas decisiones. Nunca es fácil “leer” a los genios, pero se puede lograr. Eso ha sido difícil, muy difícil, para Alexis Sánchez y David Villa respecto a Messi, quien podría producir más goles con sus entregas que con sus disparos, con alguien que “rime” en la elaboración de sus poesías.

Johan Cruyff, un ideólogo del fútbol, caracterizado por su sensatez, envía una alerta muy seria: dos jefes en el mismo barco, no funcionan. En el viejo Santos de los años 60, a Coutinho le llamaban “el virrey”, porque “el Rey” era Pelé. A diferencia de Romario, de Ronaldo, de Rivaldo, y de Ronaldinho, en este Barsa, Neymar no será “el ombligo”, sino una parte esencial del engranaje, y necesitará disciplinarse al máximo de acuerdo a las normas de Vilanova, que ha seguido en casi todo, las huellas de Guardiola.

Leer a Messi tiene que ser la primera asignatura de Neymar. Entre Pelé y Coutinho marcaron 1,456 goles según las estadísticas que se presentan en Brasil, y eso fue consecuencia de una real asociación. ¡Cuántas veces las entregas de Messi mientras maniobra en corto, se pierden al no ser interpretadas por Alexis, Villa, Pedro y hasta Iniesta! ¡Y cuántas veces, los desmarques de Messi terminan siendo inútiles al no recibir la pelota! En un equipo con el estilo del Barcelona, sin la profundidad del Real Madrid o el Bayern, que recurren a las proyecciones con entregas largas y la utilización de largos sprints, ese entendimiento es clave.

Se supone que con Messi captando marcaje, Neymar podrá disponer de mayor espacio que en el Santos, incluso que en la Selección de Brasil, y aprovechar como agregado, esas habilitaciones de Iniesta y Xavi. Considerando que su gama de recursos, es superior a la de Alexis, Villa o Pedro, es seguro que Neymar proporcionará una mayor flexibilidad a la ofensiva del Barcelona, equipo ahora preocupado por fortalecer su defensa con un central que funcione al lado de Piqué. No es posible Tiago Silva, y quizás tampoco Hummels el del Dortmund, así que hay muchas cartas que barajar en el tapete de las posibilidades.

La necesidad de un 9 puro, como Samuel Eto’o o Ibrahimovic, es tema de discusión, pero con el aterrizaje de Neymar, ha dejado de ser lo prioritario, sin ser sepultado. Por ahora, la gran intriga es: ¿Será capaz Neymar el pequeño león, de aprender lo más pronto posible a “leer” el accionar de “Mufasa” Messi? En el Barsa, saben que eso no es instantáneo como preparar una taza de café, y será necesario tomarlo con calma.

 

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