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Estaba sabrosa la conversación con Rafael Ávila. Amena, interesante, ilustrativa, zigzagueando entre diferentes temas de béisbol. Hay que sacarle provecho a la plática de casi dos horas con un hombre de ocho décadas, inmerso toda su vida, en los giros, los secretos y lo impredecible de la pelota. Me hizo sentir como cuando pasaba noches enteras escuchando a Tony Castaño en los años 70, para mí, los de mayor aprendizaje en una improvisada universidad imaginaria.

De pronto, Ávila me sorprende: “Yo vine aquí a ver a Green y no me gustó. No me interesó en ese momento”.

-Hey, ¿cómo es eso? Pudiste firmar a Green y lo descartaste. Vos sabés que Green fue altamente valorado incluso por un hombre tan exigente como Whitey Herzog, quien estuvo de acuerdo con aquel sonado cambio entre Cardenales y Cerveceros, que sacó a Green de la organización de Milwaukee.

“Sí, eso es cierto. Green tenía material, no voy a discutir eso, pero en nuestra organización, la de los Dodgers, teníamos cinco o seis outfielders con esas condiciones. Entonces me pregunté: ¿para qué quiero a David Green?”.

Y lo terminó capturando Julio Blanco Herrera después de una tenaz persecución.

“Así es. Green pudo haber avanzado mucho más en las Grandes Ligas, pero se quedó corto porque le faltó disciplina. Como scout, tú tienes que ver lo que el pelotero puede ofrecer dentro del terreno y fuera de él. Lo segundo puede afectar severamente lo primero. No se trata solamente de valorar sus herramientas. No fue ese mi caso, porque como te dije, no tuve interés y no profundicé en su estudio, pero debe serlo”.

Intentaba recuperar mi turno al bate en la conversación cuando Ávila vuelve a la carga con otra sorpresa: “También tuve chance de firmar a Denis Martínez o Antonio Chévez”.


-Hey, ¿no estás bromeando?

“No, no, para nada. Cuando yo vine aquí en el 72 con Tony Martínez , investigamos sobre algunos peloteros, pero Tony Castaño, cuidando la Selección de ese año, confeccionada para pelear el título de la Serie Mundial, nos advirtió: “no se metan con los peloteros, porque si lo hacen, Somoza los manda a detener, tira la llave en el lago y no salen más nunca de la cárcel, así que no traten de hablar con ellos. Cuando esto se acabe, me lo dicen a mí y yo consigo que ustedes hablen”.

“Sin embargo, Tony Martínez me dijo: ‘no le hagas caso al viejo, yo soy amigo de Samuel Genie quien tiene mucho mando, y hablaremos con él para salir de dudas’. Efectivamente, Genie nos recibió y Tony le explicó que yo estaba interesado en Denis Martínez y él en Chévez. Fue entonces que Genie ordenó que le trajeran los expedientes deportivos de los dos peloteros, y cuando los revisamos, nos percatamos que las edades publicadas por el periodismo no coincidían. Que tenían más edad”.

“Genie fue más allá informando que no se les podía firmar porque se afectaría la Selección, y eso era grave. En aquel momento, las reglas del amateurismo eran muy rígidas y Nicaragua había tenido problemas en el Mundial anterior, el de 1971. Eso nos apartó de Denis y Chévez”, agrega Ávila, emocionándose, como si estuviera nuevamente en la situación.

Un gran momento para Julio Blanco Herrera, quien los recomendó siguiendo orientaciones de Castaño. Recuerdo que Chévez era el que más impresionaba por su poder, pero Tony dijo: “No pierdan de vista al otro, tiene grandes facultades y puede desarrollarse”.

Ávila se acomoda en la butaca y dice: “Dos años después vi a Denis pitcheando en Clase A con Baltimore. Seguía siendo flaco, tenía unas libras más y había conseguido mayor velocidad. Más adelante se convirtió en ese gran pitcher que todos disfrutamos y me quedó una lección, no guiarme por la edad y colocar adelante el material si la juventud no está en discusión. Denis tiró y tiró año tras año y parecía no acabarse. ¡Qué consistencia mostró siempre! De no ser por los baches, pudo lograr cifras grandiosas”.

Regresemos con Green, ¿cómo fue que te interesó verlo aunque no firmarlo?
“Fue por recomendación de Orlando O´Farril, quien jugó pelota profesional aquí y se quedó trabajando. Él me habló de las condiciones de Green magnificándolas, pero le expliqué que teníamos suficientes prospectos en los bosques. Sucede que en algunas ocasiones hay peloteros que dejas pasar, porque crees tener mejores en la organización. Si hubiera visto más tiempo para analizarlo y evaluarlo, quizás le habría ofrecido la oportunidad de firmar con nosotros”.


En esos tiempos, ¿no te sentiste interesado en otro pelotero nicaragüense?
“Claro que sí. En César Jarquín, ese gran short. Pero era otra posición muy bien cubierta en nuestras ligas menores y también estaba un poco avanzado en edad”.


Viste lanzar a Denis Martínez, has visto lanzar a Vicente Padilla. ¿Qué tipo de valoración podés hacer de ellos?

“Son dos tipos de lanzadores diferentes. Cuando yo vi a Denis aquí, lo que me gustó era su curva. No tiraba duro, aunque después tiró duro. Lo mejor de Denis fue siempre su inteligencia para pitchear. Fue astuto, valiente, controlado, con una gran confianza en sí mismo. A Padilla lo he visto poco, la mayor parte de las veces por televisión. Es un pitcher de mucho poder pero sin las habilidades de Denis. Naturalmente, tiene material para sostenerse un buen rato en las mayores. No hay muchos abridores en estos tiempos. Cuando Denis subió, tenías que abrirte paso con un gran esfuerzo y mostrando resultados. De no ser así, te quedabas corto”.


Rafael, en un All Star latino, ¿incluirías a Denis en una rotación de cinco?
“Sí, lo haría. Denis tuvo que pasar por dos etapas y logró sobrevivir, superarse y establecerse. De no ser por la crisis, estaría entre los tres primeros”.

Con 245 victorias, Denis podría haberse acercado a las trescientas, pero además, fue afectado por dos huelgas, la del 81 y la del 94, precisamente cuando estaba atravesando grandes momentos.

“Por eso digo que Denis Martínez es un pitcher para recordarlo. Sus cifras son claras”.

La última: Si Rafael Ávila hubiese estado al frente de un equipo con pretensiones de ser campeón en aquellos tiempos, a ¿quién preferiría como manager, a Tony Castaño o Wilfredo Calviño? Los dos fueron muy exitosos en nuestra pelota fuerte.

“Selecciono a Tony. Los dos eran amigos míos y estuve más cerca de Calviño que de Castaño, pero yo me quedo con éste. Las virtudes de Castaño para manejar un equipo, eran muchas: sabía mantener relajado al personal, ejercía control sobre los peloteros, era excelente en relaciones, disponía de ese sexto sentido que debe caracterizar a los managers, utilizaba adecuadamente la psicología, sabía una montaña de béisbol y tomaba decisiones con prontitud.”.


Gracias Rafael. Como dice Argelio, recoge su guante y vámonos.