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Ser Campeón Mundial de boxeo es algo grandioso, pero al mismo tiempo te plantea exigencias mayúsculas, y Román “Chocolatito” González está consciente de eso.

Dice un viejo adagio que las derrotas son huérfanas y las victorias tienen muchos padrinos. Cuando triunfas, se multiplican los amigos como por arte de magia. Es natural porque el éxito atrae. Todos quieren relacionarse con el campeón, llegando incluso a abrumarlo.

El peligro es perder el control. “No se preocupen por mi juventud. He visto mucho, he aprendido, mi padre está encima y sé cuidarme. Ya lo verán”, aseguró el muchacho que está ingresando a una etapa de madurez.

Son muchos los peleadores que han amasado grandes cantidades de dinero, pero son pocos los que han sabido hacer uso del mismo. “Estoy tomando todo con calma. No tengo por qué precipitarme”, dice el nuevo Campeón de las 105 libras, quien manifestó en Japón que realizaría un par de defensas en esa categoría, antes de saltar a las 108, que en estos momentos parece ser su peso más apropiado.


¿Cómo es tu vida después del título mundial?
“Mi vida sigue igual, lo único que ha cambiado es la comodidad y la capacidad económica. Ahora podré mejorar las condiciones de la vivienda de mi mamá, pero no voy a cambiar en mi comportamiento. Cuando uno va creciendo en la humildad y tiene una familia como la que me rodea, no podés descarrilarte. Tengo una relación consistente con mis viejos amigos, soy muchacho de barrio, voy a apreciar las ventajas que pueda obtener como campeón, pero no perderé el contacto con la tierra. Pienso que siempre voy a saber dónde estoy parado, dentro y fuera del ring”.


¿Considerás que tu nuevo estatus no te permitirá tener el mismo contacto con los aficionados?
“Eso no va a ocurrir porque uno tiene que seguir respondiendo al público, no importa en qué altura te encuentres. Saber relacionarse con los aficionados es una obligación. Ellos te ofrecen el aporte más importante para crecer en el ring”.


¿Quién te hizo ver la vida de esa forma?

“Nadie, sencillamente he escuchado muchos comentarios acerca de otros boxeadores y también he visto cómo han terminado. Por mi cabeza pasan muchas cosas y tendré que escuchar atentamente los consejos de mis padres y amigos. Me gusta escuchar y lo seguiré haciendo”.


¿Se dice que eres producto de la escuela de Alexis Argüello?
“Puede que me parezca en algo del estilo, pero no es así, el que me enseñó y me hizo boxeador fue mi papá, Luis González. Él guió mis primeros pasos y ha contribuido en modificaciones. Siempre veo los vídeos de las peleas y ahí me doy cuenta de los errores que cometí para trabajar en las correcciones, uno nunca deja de aprender en este deporte”.


¿Quién te ha enseñado a recortar el ring y cerrar los espacios a tus adversarios?
“Mi papá. Siempre ha hecho mucho énfasis en ese movimiento, que también es innato en mí. Como soy disciplinado y muy apegado a las instrucciones, he mejorado mucho como estilista, pero sigo prefiriendo fajarme porque sé golpear al cuerpo y tengo poder. Siempre he estado claro de que lo clave es ir en busca de los puntos débiles de los rivales”.

La vida de un boxeador, lo más largo que puede llegar con lucidez, es diez años. En ese tiempo puedes combatir en las altas esferas, aprovechar para ahorrar la mayor cantidad de dinero posible, y de esa forma asegurar una vejez tranquila.

Román González ha comenzado a escribir su historia. Todos coinciden en que puede ser duradero moviéndose hasta las 112 libras aprovechando su estatura. Por ahora, su objetivo es buscar el cinturón de las 108.

El campeón está entrenando con la intensidad que mostraba cuando era retador. Una buena señal.