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Después de ver en acción al siempre temible LeBron James moviendo al Heat como una montaña para imponerse a los retadores Pacers 90-79, con producción de 30 puntos, ocho rebotes y seis asistencias, más su mayúscula incidencia, empequeñeciendo el esfuerzo de Paul George en la otra acera, estoy convencido de haber estado entre los pasajeros del Titanic, LeBron hubiera evitado aquel caos rescatando al capitán Smith.

Entrando al juego cinco, el Heat necesitaba urgentemente, no solo vencer como lo hizo en el primer duelo, apretado por la angustia, sino mostrarse superior, como lo logró en ese tercer cuarto dominando por 17 puntos (30-13) con LeBron suelto, cubriendo toda la cancha, haciéndose sentir en todas las gestiones, mostrando su inmensidad. Ahí estaba el casi unánime Más Valioso de 2013, motor del Heat en esta postemporada, haciéndole olvidar a la multitud que estaban atrás por cuatro puntos (44-40) en la mitad del camino.

Con la tranquilidad en el bolsillo, el Heat aguantó a Indiana en el último cuarto cambiando metralla, y no se enteró de que fue superado 22-20, sosteniendo una ventaja de 11 puntos, agradeciendo el significativo aporte ofrecido por Udonis Haslem, acertando sus últimos ocho disparos. Eso sí, el peligro no ha sido espantado, porque el equipo de Indiana sigue estado lo suficientemente armado, revestido de un atrevimiento llamativo, y puede restaurar su intensidad, aprovechando que tiene temor a los de Miami, pese a sus tres torres e impresionante historial en la última temporada.

Hasta hoy, para el superfavorito Heat, la serie ha sido un viaje en la montaña rusa de la inseguridad. LeBron evitó la derrota a última hora en el primer juego, y pese a su gran despliegue en el segundo, perdió dos pelotas claves en el minuto final, y los de Indiana clavaron sus colmillos. ¡Qué bien lucieron los de Miami en la tercera batalla retomando ventaja! Sin embargo, Indiana arremetió nuevamente con efectividad y contundencia, adelantándose en la recta final, equilibrando la final del Oeste.

El Heat necesita “uno más”. Puede ser esta noche en Indiana, o el lunes regresando a Miami. “Nos interesa terminar lo más pronto posible”, ha dicho Dwayne Wade, interesado en un descanso que les permita recargar baterías para enfrentar a los Spurs de San Antonio.

Exigente como nunca con él mismo, LeBron intentará seguir moviendo la montaña hacia la final de la NBA. Con sus recursos multiplicados, parece no haber forma de recortar su ímpetu, de ahogar su creatividad y de fracturar su incidencia. El reto de los Pacers es atravesar por todo eso, como ya lo han hecho dos veces, y forzar un duelo de vencer o morir.

 

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