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Dwayne Wade se veía viejo, Crish Bosh empequeñecido, LeBron James aturdido pese a sus cifras siempre llamativas, y el Heat se hundió anoche ante los Pacers en Indianápolis, cayendo 91-77. Ahora la final del Este se encuentra 3-3 y se hace necesario un duelo crucial el lunes en la American Arena de Miami. La intriga se esfumó en el tercer cuarto, cuando el equipo de Indiana, con Paul George y Roy Hibbert haciendo estragos desarticulando la defensa de Miami, se impuso 29-15, quebrando estrepitosamente ese equilibrio 40-39 a favor del Heat, sostenido hasta la mitad del trayecto.

Atrás 68-55 al ponerse en marcha el último período, el Heat con LeBron de nuevo agitado después de haberse derretido un buen rato, se aproximó peligrosamente 68-72 a solo cuatro puntos con cinco minutos pendientes, pero eso fue fugaz, los inspirados y destructivos Pacers, imparables filtrándose y disparando desde diferentes ángulos y distancias, retomaron las riendas para cerrar consistentemente dejando al Heat atrapado en su inseguridad, mientras ellos se estiraban nueve puntos, hasta sellar la victoria por margen de 14, aprovechando los 28 de George y 24 de Hibbert, por 29 de LeBron, con siete rebotes y seis asistencias.

Los tiros de tres puntos (dos de LeBron, dos de Chalmers, uno de Bosh y otro de Cole), fueron claves para que el Heat se impusiera levemente en el primer cuarto 23-21. Ese bombardeo largo contragolpeó eficazmente la flexibilidad y capacidad de penetración de los Pacers, impulsados por el ágil canasteo de Paul George y Roy Hibbert, que marcaron nueve puntos cada uno, y no permitieron que el Heat se despegara. Una clavada de George después de serpenteo desconcertante, fue lo más espectacular del esa primera etapa, levantando al público, con LeBron marcando 10 puntos con cuatro rebotes y tres asistencias, enviando señales de lo que podría ser otra gran noche. Finalmente, eso fue engañoso.

La intensidad creció en el segundo cuarto, pero decreció la efectividad. Falló Paul George en el último instante y el equipo de Indiana, aunque ganando 18-17 ese período, quedó atrás 40-39 en la pizarra, con el futuro embotellado. LeBron limitado a cuatro puntos y un rebote, no pudo ser tan incidente, mientras asombrosamente, el aporte de alguien tan importante como Dwyne Wade, permanecía reducido a solo un punto, dos rebotes y una asistencia, y Chris Bosh sujetado en apenas tres puntos. ¿Se imaginan la combinación Wade-Bosh ofreciendo solo cuatro puntos en la mitad del recorrido?

Y no era la defensa de Indiana, sino lo errático del Heat en sus ofensivas, constantemente confusas, perdiendo pelotas y quedando atrás en los rebotes defensivos, lo que aprovechó Indiana para volcarse en el tercer período y llegar a establecer una diferencia que se estiró a 11 puntos (53-42), desde el 40-39 a favor del Heat. Los Pacers no se detuvieron y continuaron abriéndose paso hacia el cesto entre el aturdimiento del Heat, fatal en la pintura, terreno en el cual los Pacers se adelantaron hasta por 16 puntos 62-46 y 64-48, con Paul George encendido como factor desequilibrante.

Cuatro tiros libres de LeBron cerrando, recortaron un poco la distancia con el Heat atrás 68-55, después del abrumamiento de los Pacers colocando de rodillas al campeón defensor 29-15 en el tercer cuarto. No hubo forma de controlar a Hibbert y a George, devastadores, con George Hill funcionando como estupendo soporte, mientras Bosh no aparecía, y aunque Wade mostró síntomas de recuperación, no era lo suficiente para dinamizar al Heat. LeBron solo pudo avanzar seis puntos en esta etapa con un doble y los cuatro libres, sin poder conseguir un rebote.

Con sus piernas dobladas y la mandíbula fracturada, el Heat no pudo sacar el juego de las brasas, perdiendo por un punto el último cuarto 23-22, antes de regresar silenciosamente a Miami en busca de una urgente transfusión de sangre para la batalla del lunes a vencer o morir, en una serie que ha hecho saltar los pronósticos hechos astillas.