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No hay duda sobre la inmensidad que ha alcanzado LeBron James en el mejor año de su brillante carrera. Debió ser el primer Más Valioso por unanimidad, pero un cronista de Nueva York prefirió a Carmelo Anthony; envuelto en llamas, impulsó al Heat al registro del mejor balance en la serie regular; y siendo el mejor jugador en cada partido del equipo de Miami en los Play Offs, incluyendo las derrotas, fue la figura cumbre para atravesar todas las etapas hasta llegar a su cuarta final en lo personal, y tercera consecutiva con el Heat.

LeBron es una fuerza de la naturaleza y está construyendo cifras que serán tan indestructibles como las Pirámides de Egipto. Sin embargo, ha estado agobiado por la persecución del fantasma que Michael Jordan dejó flotando sobre la NBA, forzando comparaciones.

Jordan fue en todo instante magia pura. Alguien escapado de la Lámpara de Aladino para fabricar milagros de diferentes maneras. Una mezcla de David Cooperfield y de Chris Angel. Lo que hacía parecía fantasioso, irrepetible. Su grandiosidad sin medida, lo convierte en un intocable, y hace pensar, que por mucho que LeBron llegue a impactar, siempre estará detrás de Jordan.

Ambos ganaron su primer título de la NBA a los 27 años, y arañando los 28, LeBron, actualmente instalado en la cima del Everest, lo aventaja en reconocimientos como Más Valioso (4 por 2). En el 2007, con solo 22 años, LeBron que fue Novato del Año en el 2003, llevó a las finales de la NBA a los Cavaliers de Cleveland, un equipo que dos años antes no figuraba en los Play Offs, en tanto Jordan, Novato del Año en 1985, llevó a los Bulls a las finales en la temporada 90-91, después de haber sido eliminados con él adentro, por los Celtics de Boston, que los barrieron dos veces en la primera serie, y por los Pistons de Detroit, que fueron tres veces sus verdugos, una en semifinales, y otras dos en finales de Conferencia.

Cuando le consiguieron mejor acompañamiento, Jordan llevó a los Bulls a tres campeonatos consecutivos en la NBA desde el 90-91 al 92-93, antes de anunciar su primer retiro. El equipo de Chicago, debilitado sin Jordan, perdiendo Horace Grant y Scott Williams, y con los retiros de Bill Cartwright y John Paxons, se vio oscurecido. Jordan regresó en 1995 y los Bulls con un fabuloso quinteto (Jordan, Pippen, Harper, Rodman y Longley), más un banco con Kerr, Kukoc, Wennington y Randy Brown, volvieron a ganar otros tres banderines. Jordan alcanzó su décimo título en anotación, conquistó su sexto anillo, y también por sexta vez fue Más Valioso en finales. Una leyenda para la posteridad.

El ahora intocable ganó cada una de las seis finales en las que compitió. LeBron en tanto va a su cuarta final, y solo ha ganado una, aunque podría igualar con Jordan si obtiene su segunda, a los 28 años. Los expertos consideran sin titubear, que este Heat tambaleante contra Indiana, no hubiera podido retar a aquellos Bulls armados hasta los dientes, jefeados por “el mago”. Eso sí, LeBron ha sido el jugador más joven de la historia en lograr 5 mil, 10 mil y 20 mil puntos, y el Novato más joven con 19 años y 12 días.

Jordan iluminó los Juegos Olímpicos de Barcelona en 1992, al frente del inolvidable “Dream Team”, junto con Bird, Magic, Pippen, Barkley, Robinson y otros súper-estrellas. Ese equipo no tuvo oposición en una época en que no se había dado la invasión de europeos en la NBA. LeBron, con otra gran tropa, abrillantó los Juegos Olímpicos de Londres en el 2012 empujando a Estados Unidos a la conquista del oro, contra equipos que alineaban hasta cuatro o cinco de la NBA.

Cuando se trata de jugadores de épocas diferentes, las comparaciones son incómodas. Si mientras sigue demoliendo récords, LeBron agrega otro título Más Valioso, iguala a Jordan con cinco, y podría insistir en ser el primero que lo consigue por unanimidad. Aun así, difícilmente será considerado tan grande como Jordan, el intocable. Ir contra los mitos, es un reto demasiado fuerte, como cortar las cabezas de la Medusa. Ese reto te exige máxima superación y sostenimiento en el rendimiento. LeBron lo sabe y lo sufre, pero al mismo tiempo es su gran estímulo.

Siempre impresiona ver a un “Mostruo” perseguir con desesperación las huellas de otro.

 

dplay@ibw.com.ni