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Hay sentimientos que te llenan el alma, que nunca se deterioran pese a ser golpeados por factores adversos, que grafican la clase de persona que eres, que muestran tu carácter. “Soy nicaragüense por gracia de Dios, pero no volveré a mi país hasta que me devuelvan mi casa. Me la robaron”, me dijo aquella mañana del mes de agosto de 1984, en el Dodger Stadium de Los Ángeles, René “El Chelito” Cárdenas.

Y no ha regresado, ni para recibir su placa del Salón de la Fama pinolero, pese a los esfuerzos que se hicieron. Su firmeza, como la de Leónidas, resiste corto-circuitos.

René podría ser el primer nicaragüense en ingresar al Salón de la Fama del béisbol. Él ha pasado tanto tiempo soñando por estar ahí, como con la recuperación de su casa de la Carretera a Masaya, injustamente confiscada y vergonzozamente retenida desde los años 80, cuando se decía que la revolución era fuente de derecho.

René regresa como aspirante a Cooperstown. Fue un precursor de las trasmisiones de béisbol en español de Grandes Ligas, primero con los Dodgers y después con los Astros, habiendo estado vinculado con los Rangers de Texas. Una vida de trabajo cultivando aprecios con esa vocación de amigo, tratando de ser ejemplo para las nuevas generaciones, exigiéndose a sí mismo.

¿Quién que haya necesitado ayuda con René a la orilla, no la ha conseguido? En 1984 nos quedamos viendo en el palco de prensa de los Dodgers. Yo había sido funcionario del gobierno sandinista sin poder hacer algo por evitar la arbitrariedad; estaba ahí como un enviado de La Voz de Nicaragua y el diario Barricada, dirigidos por los altos militantes Carlos Guadamuz y Carlos Fernando Chamorro, y no pude evitar sentirme incómodo. René no titubeó, impulsado por el resorte de la vieja amistad, me abrazó y me atendió. Como diciéndome “entre vos y yo no ha pasado nada”.

Personas de esa calidad humana se nos fueron de entre las manos mientras esta nueva sociedad que René no conoce, era brutalmente carcomida por el paso de diferentes gobiernos.

¿Has podido controlar tus emociones frente a la nueva posibilidad de entrar a Cooperstown?, le pregunto a través del hilo telefónico.

“A mi edad, con mi experiencia, viviendo entre tantas expectativas, debería controlarlas, pero te atrapan”, responde.

René ha sido un combatiente de largos años con los factores adversos. Lo han golpeado, pero siempre se ha levantado y ripostado, con el respaldo de su esposa Jilma, que mucho antes de la aparición de Francisco Rodríguez se había acercado al centenar de juegos salvados para su marido.

Cuando se inauguró el Estadio con la Serie Mundial de 1948, René, un locutor y cronista en pleno ascenso, fue afectado por una zancadilla merecedora de tarjeta roja. Fue algo doloroso que todavía recuerda como si hubiera ocurrido ayer.


“El presidente del Comité Organizador, Anastasio Somoza Debayle, me postergó como narrador. Estábamos frente al más grande acontecimiento deportivo en la historia de Nicaragua, y como cronista en los medios, promoví esa Serie Mundial, pero como recompensa, Somoza me hizo a un lado y contrató a Buck Canel en contubernio con Chale Pereira. Ese fue el primer golpe bajo que recibí en mi vida. Fue una decisión dictatorial típica de esa familia gubernamental, pues los derechos de radio nunca fueron puestos en licitación. La Serie Mundial fue un acto público, pagada con nuestros impuestos”.

¿Cuántos años narraste en Grandes Ligas?
“Treinta y ocho años y sigo en la palestra luego de un ligero retiro. En otras palabras no estoy como para colgar los guantes. Este pinolero del barrio La Bolsa es duradero. Ojalá otros paisanos que vengan después de mí lo hagan con el mismo ahínco”.

¿El juego que nunca olvidarás?
“No uno, sino varios. Mi primer juego con los Dodgers narrado en el Coliseo de Los Ángeles en abril de 1958; el Juego Perfecto lanzado por Dennis Martínez contra los Dodgers precisamente en Dodger Stadium; y cuando narré mi primer Juego de Estrellas por medio de la Cabalgata Deportiva Gillette con Buck Canel en el parque de los Candelabros en San Francisco. ¡Ah!, no puedo olvidar mi primer playoff y Serie Mundial en 1959, en el Coliseo de Los Ángeles”.

¿Cómo armarías un All Star de Grandes Ligas entre los peloteros que has visto?
“Este es un tema difícil porque hay muchos jugadores estelares y pocas posiciones, pero aquí va la lista de los que me gustaron: Johnny Bench detrás del plato; Willie McCovey en primera; Roberto Alomar en segunda; Brooks Robinson custodiando la esquina caliente; Cal Ripken en el short; Willie Mays, Mickey Mantle y Roberto Clemente en los bosques; Nolan Ryan, Bob Gibson y Juan Marichal como pitcheres derechos, en tanto Sandy Koufax y Whitey Ford como zurdos; y Mariano Rivera con Rollie Fingers para los cierres. Seguro que dejé a alguien que merece estar, pero es inevitable”.

¿Y entre los nicas, cuáles son los tres mejores de posición y los tres mejores pitcheres?
“En el primer caso, Francisco Fletes, Eduardo Green y Carlos “Pichón” Navas, y en el segundo, José Ángel “El Chino” Meléndez, Francisco “El zurdo” Dávila y Tomothy Mena”.


Los locutores nicas con los que trabajaste
“José García Sáenz, Sucre Frech, Tito Rondón, Evelio Areas Mendoza, Lucho Ortega, Chavo Ortega. Probablemente olvido uno o dos más. En las mayores, únicamente con Rondón”.

¿Qué pensás de Carlos García?
“Que es el mejor dirigente deportivo en la historia de Nicaragua. Agresivo, diligente, gran organizador. Además de ser un amigo leal, tiene la bola de cristal que le ayuda a ser un visionario. Lo admiro”.

¿Qué tanto soñás con Cooperstown?
“Constantemente como lo hacen otros doscientos aspirantes. Fui candidato a principios de los 90, pero algo ocurrió y desaparecí de esa lista. Los Astros se han encargado de resucitar mi vieja candidatura. Hay una votación de los fanáticos para elegir a 3 y completar 10 candidatos oficiales, pero los narradores hispanos consideramos que es completamente injusta. Los aficionados hispanohablantes no tienen tantas computadoras ni son tan numerosos como los de habla inglesa. Ellos son millones y nosotros somos unos cuantos miles nada más”.

¿Qué crees que te faltó lograr?

“En la narración de béisbol, nada. Lo único que no había hecho era narrar en vivo por televisión con toda la alta tecnología y las mismas facilidades que tienen los narradores de habla inglesa. Lo logré este año y lo seguiré haciendo en 2009. (Dos cámaras propias y cuatro compartidas. Un equipo de 12 personas trabaja en el programa, incluyendo mi propio productor en español y un especialista de gráficas en español en el camión detrás del jardín derecho del estadio. En la caseta tengo a cuatro especialistas. Raúl Sáenz, el analista, un camarógrafo, un director de secuencia y un experto en audio)”.


¿Qué te ha sorprendido del béisbol actual?
“Como purista de béisbol, en aquel tiempo creí que el formato divisional restaría calidad a la Serie Mundial, especialmente cuando un equipo sin título entra a la postemporada con menos merecimiento. Como van las cosas ahora, me doy cuenta que estaba equivocado, porque sobre el comodín, todo el mundo se olvida tan pronto como comienza la acción”.

Un abrazo René. Quienes te conocemos, aprendimos a valorarte y apreciarte rápidamente. Ojalá puedas recuperar esa casa que construiste con bloques de sacrificio en la Carretera a Masaya, y volvamos a comer esos elotes tiernos cobijados con mantequilla que tu esposa Jilma prepara con tanto esmero.