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Estoy en México esperando el segundo juego correspondiente a la final de la NBA, después de haber visto en el Hotel el 0-0 Argentina-Colombia con la discreta reaparición de Messi, y en una Taquería, el 0-0 México-Panamá, con un excelente planteo de los canaleros. Aunque es muy prematuro, si el Heat vuelve a perder y queda atrás 0-2 antes de zarpar hacia San Antonio para las próximas tres batallas, podría producir cierto “olor” a difunto.

¡Cómo duele ese 92-88 clavado por unos brillantes Spurs el jueves! Y es que después de haber sepultado espectacularmente a los tercos Pacers, se esperaba un show estilo “Circo del Sol” de parte del Heat, con el ímpetu casi bestial de LeBron James, la flexibilidad desconcertante de Dwayne Wade, esa serenidad imperturbable de la “Esfinge negra” que es Chris Bosh, y el bombardeo implacable de Ray Allen.

¿Y qué fue lo que vimos? Unos Spurs compactos, difíciles, fieros, y sobre todo cerebrales, capaces de ajustarse a la estrategia planificada con una precisión admirable. Por poco, aún sangrando por esa derrota en el primer juego, los del Heat salen a ovacionarlos.

En un juego tan bien realizado por San Antonio, con tantos momentos de mayúscula importancia, hay dos que nunca olvidaremos: el robo de pelota que hace Kawi Leonard a LeBron con el marcador 79-78 a favor de San Antonio, 6 minutos pendientes y el Heat proyectado ofensivamente, con Tony Parker culminando la contraofensiva para ampliar 81-78; y la canasta imposible lograda por Parker levantándose del piso entre Andersen y Bosh, para conseguir un doble milagroso a base de garra, control muscular y precisión, con solo 5 segundos por continuar en pie de lucha, despejando la intriga que cobijaba la ventaja de dos puntos 90-88, y sentenciando el partido.

En lo general, la base del éxito final, fue no perder de vista al Heat. El equipo de San Antonio, con sus rotaciones, sus penetraciones, su efectiva presencia en la pintura, perdió por un punto el primer cuarto 24-23, por dos el segundo 28-26, en ambos casos cerrando con canastas de última hora, y empatando 20-20 el tercero. Y así con una diferencia de tres, presionaron más y fueron mas seguros en el último cuarto consiguiendo ventaja de siete (23-16), apuntándose la primera victoria.

LeBron marcó 18 puntos con 18 rebotes y 10 asistencias, pero su porcentaje tirando no fue el requerido por culpa de Kawi Leonard, quien hizo un trabajo estupendo reduciendo drásticamente la capacidad de destrucción del nuevo “Monstruo”.

Estos talentosos Spurs parecen haber aprendido mucho de Indiana, y aplicado ventajosas modificaciones. El Heat tiene que regresar al tope de su rendimiento para evitar dormir desde hoy con la soga en el cuello.

 

dplay@ibw.com.ni