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La final con David Ferrer, carecía de intrigas. Todos sabíamos, incluso Ferrer, que ganaría Rafael Nadal. Pero había que estar ahí, en el cierre de Roland Garros 2013, por lo histórico, y por comprobar que el “Rey León” está de regreso, físicamente entero, con la lucidez mental de antes, y una firmeza en su juego, que obliga a temblar a sus adversarios. Este Nadal victimario de Ferrer 6-3, 6-2 y 6-3, sin dejar material para discutir, está listo para retar a Djokovic, el flamante número uno del planeta, y seguir persiguiendo proezas en el mundo de los balazos con la raqueta.

Realizando su octava conquista de Paris, algo que Napoleón tampoco hubiera podido impedir, Nadal llegó a doce torneos Grand Slam en su poder, superando a dos leyendas, el australiano Rod Laver y el sueco Bjorn Borg, y colocándose a la orilla de Roy Emerson, solo dos menos que Pete Sampras, y separado cinco de Roger Federer, el líder de todos los tiempos.

Sin entrar en el terreno de las hipérboles, Nadal se coronó anticipadamente el viernes, derrotando a Djokovic en uno de esos duelos que quedan para la posteridad, extendido a cinco sets, cargado de furia, destreza y precisión, y con el desenlace brincando agitadamente sobre el lomo del potro de la incertidumbre, hasta que se impuso Nadal, en su terreno, la tierra batida, por 6-4, 3-6, 6-1, 6-7 y 9-7, utilizando nuevamente su resistencia al desgaste fuera de serie, y ese alcance asombroso proporcionado por piernas rápidas y traga-espacios, que le permiten devolver pelotas increíbles desde las posiciones más complicadas.

La próxima parada es Wimbledon en Inglaterra sobre hierba, en un terreno propicio para otro duelo excitante entre ellos, y después, el Open de Estados Unidos, en cemento, favorable para Djokovic.

Con la inseguridad que siempre rodea a Murray pese a sus inmensas facultades y exuberante potencial sin alcanzar el pleno desarrollo; con Federer atrapado por el implacable paso del tiempo; el retorno del “Rey León” como temible rival, evita que el fiero Novak Djokovic se sienta ingresando a Macondo para mostrar su grandiosidad en la soledad.

Con Nadal en pie de guerra, hay mucho que discutir.


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