•  |
  •  |
  • END

dplay@ibw.com.ni
¡Qué metamorfosis! Los insectos se han agigantado.

Amigos, los Rays de Tampa, que parecían condenados de por vida al último lugar en el Este de la Liga Americana, continúan su asombroso resurgimiento durante la postemporada. Después de superar a Medias Rojas y Yanquis en la pelea por el banderín en la zona más caliente del béisbol, han eliminado a los Medias Blancas de Chicago en cuatro juegos.

Con par de jonrones solitarios de B. J. Upton contra Gavin Floyd en los innings uno y tres, los Rays se colocaron en ruta hacia una victoria 6x2, que terminó con las pretensiones de sobrevivencia de la tropa que dirige Ozzie Guillén.

Uno se pregunta: ¿cómo se enriquecieron tan rápidamente estos Rays sin necesidad de fabricar una revolución? Ha sido una faena impresionante la que les ha permitido salir bruscamente de la pobreza y proyectarse hasta la aristocracia de la postemporada, presentando facturas de cada uno de sus éxitos.

Su muestrario de hundimientos abrumaba. No ganaron más de 70 juegos en ninguna de las últimas cinco campañas, y lo más cerca del primer lugar que habían quedado en ese escabroso trayecto, fue con 28 juegos de rezago en 2005, un recorte de diez respecto a los 38 de 2003.

No, no había forma de tomarlos en serio al momento de ponerse en marcha la campaña de este año, pese a la gran expectación que giraba alrededor del prospecto Evan Longoria y que contaban con una rotación en pleno crecimiento encabezada por Scott Kazmir y Matt Garza.

Abrazados a una inspiración sostenida, los Rays fueron abriéndose paso, no como lo hacía el ejército de Atila, pero sí consistentemente hasta convertirse en algo real, imperturbable, hasta autoritario, y se “robaron” el botín al estilo del viejo oeste, aunque sin tapar sus rostros con pañuelos, entrando a galope en los diferentes campamentos de día y de noche pistola en mano, sumando triunfos.

Andy Sonnanstine, un derecho de 25 años, ganador de 13 juegos en su segunda temporada después de 6-10 en 2007, trabajó cinco entradas y dos tercios utilizando 75 disparos, limitando a Chicago a sólo tres hits, eso sí, dos de ellos jonrones de Paul Konerko y Jermaine Dye, mientras los Rays agregaban una carrera en el quinto y otra en el séptimo, impulsadas por Carlos Peña, para sellar el 6x2.

Quién nos iba a decir que no en un momento cualquiera de la campaña, sino en los playoffs, después de esas victorias sobre los Medias Blancas 6x4 con James Shields, 6x2 apoyándose en el brazo de Scott Kazmir y 6x2 con ese pitcheo de Sonnanstine, estaríamos escuchando gritar: ¡Cómo parar a los Rays!
Ahora, ellos parecen ser producto de una dimensión desconocida. Los insectos se han agigantado.