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Fin de la angustia y proyección hacia una nueva posibilidad. Anoche, los Medias Rojas salieron de entre las brasas para liquidar a los Ángeles de Anaheim con un doble de Jason Bay y hit empujador de Jed Lowrie en el cierre del noveno, quebrando un empate de 2x2, que el equipo californiano había conseguido en el inicio del octavo con cohete de Torii Hunter.

Queda para la posteridad el recuerdo de la jugada clave del juego: ese intento de squeeze con el corredor emergente Reggie Willits viniendo hacia el plato y Eric Aybar con dos bolas sin strike, fallando el toque de bola que hubiera desequilibrado la pizarra a favor de los Ángeles.

Desde antes de la construcción del laberinto por Dédalo, el squeeze es una jugada de riesgo mayúsculo que necesita la precisión de un reloj suizo. Si Aybar hubiese empujado bien esa pelota lanzada por Manny del Carmen, reemplazante de Justin Masterson, el manager Mike Scioscia estaría siendo calificado como un genio, con su foto colocada entre la de Newton y la de Einstein, pero en lugar de eso, Willits, corriendo por el cubano Kendry Morales, que abrió el noveno de California con un doble contra Masterson, fue atrapado con dificultad entre home y tercera, luego de haber avanzado a la antesala por machucón de Howie Hendrick.

Para inyectarle más drama al momento, el catcher de Boston, Varitek, perdió el control de la pelota después de tocar a Willits, provocando la protesta inútil de Scioscia.

En el cierre, con un out, doble de Jason Bay contra Scott Shields fabricó la posibilidad de dejar en el terreno a los Ángeles. Mark Texeira realizó una gran atrapada sobre línea envenenada de Mark Kotsay para el segundo out, pero Lowrie, a continuación, disparó el hit decisivo y todos los bombillos se encendieron en Boston.