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Dos goles de Javier Hernández, en un asalto aéreo al desguarnecido Japón, le dan al Tri su única e inútil victoria en la Copa Confederaciones. 2-1 el veredicto, ante un rival que había incinerado sus dragones ante Italia.

Para el Tri solo queda rescatable la victoria, que no entrega nada, a no ser el quitarle el disfraz de ridiculez a este rendimiento de la selección en la Copa Confederaciones, manchado encima por pasajes de indisciplina.

El Tri Mayor reposa hasta 6 y 10 de septiembre cuando deba asumir de nuevo el Hexagonal Final de la Concacaf. Para el anecdotario, Javier Hernández llega a 35 goles, suma siete de los últimos ocho marcados por México y además se coloca a solo 11 tantos de alcanzar a Jared Borgetti, el máximo realizador del Tri.

México salió bajo el dictamen de sus circunstancias. Nada que perder, porque lo había perdido todo; nada que ganar, porque la bancarrota en la Copa Confederaciones no se salvaba ante Japón.

Así, con la doctrina de la pusilanimidad, el Tri salió a arrastrar sus culpas con un anhelo de penitencia. Cambios hasta en la portería, con Guillermo Ochoa recibiendo un dedazo de atole de consuelo.

Japón por su parte, pareció haber agotado sus dragones ante Brasil e Italia y se dedicó más a cazar guarnecido que a ir de cacería.