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Por ahora, sin pretender molestar a los intelectuales, profesionales y artistas, la mejor cabeza de España, es la de Fernando Torres. Su gol, rematando el centro trazado por Pedro desde la izquierda, en el minuto 62, estableciendo el 2-0, despejó la intriga, tranquilizó a España y golpeó en la mandíbula a Nigeria. Hasta ese momento, el equipo africano, Campeón Olímpico en 1996 derrotando a Brasil y a Argentina, había sido una permanente amenaza con sus ofensivas vertiginosas, rápidas entregas a un toque de balón, y una facilidad de llegada que obligó a Ramos y Piqué, a pararse constantemente para

rascar sus cabezas.

El 3-0, definitivo sellando el pasaporte de España a semifinales como primera del Grupo B, con dos goles de Jordi Alba agregados al de Torres, no grafica lo visto durante un primer tiempo estremecedor, y la presión sostenida por Nigeria contra vientos y mareas, hasta el gol de Torres. Lo sicológico está presente en todo desde antes del nacimiento de Freud, y el gol madrugador de Jordi Alba en el minuto 3, culminando una maniobra individual utilizando como último pase, el rebote en un defensa, tuvo un gran significado. No es lo mismo discutir con un adversario atrevido y con tanta capacidad de llegada como lo fue Nigeria, con un gol de ventaja que 0-0.

¡Como luchó Nigeria por equilibrar, y como multiplicó esfuerzos España por estirar la diferencia! Eso nos proporcionó un espectáculo excitante en todo instante. Las dos incursiones de Soldado pistola en mano, estrellando sus remates en el arquero Enyeama, y el zurdazo de Ces al poste, impidieron que España asestara otra puñalada, pero qué decir de las posibilidades fabricadas por Nigeria, entrando incluso con descaro, alterando el sistema nervioso de Piqué y Ramos, obligando a Busquets a un esfuerzo extremo y sacado lo mejor de Víctor Valdés. Nigeria no daba ni pedía tregua. ¡Ah, necesitaba ajustes en su puntería!

Cesc, fundido, fue reemplazado por Silva, tan volátil como siempre; salió Soldado y entró Torres, hambriento; y Del Bosque decidió que Pedro se había excedido apareciendo en todos los sectores de la cancha, y envió a Villa. Lo clave fue el cabezazo de Torres, volando, sobre entrega a media altura de Pedro. El 2-0, funcionó como un sedante, y el tiro de gracia, segundo gol de Jordi, fue posible aprovechando una viveza de Villa, quien lo captó detrás de la línea central y le envió el balón profundo, cobrando una falta, dejándolo solo con el arquero. Quiebre y remate, fijaron el 3-0, sin ocultar lo que sufrió España por largo rato frente a una Nigeria exigente.

 

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