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Manny Ramírez no es solamente el mejor bateador que tienen los Dodgers de Los Ángeles desde la partida de Mike Piazza hace 10 años, sino que además podría ser el mejor de todos los tiempos con un uniforme de la franquicia. Eso sin olvidar que Frank Robinson, Eddie Murray, Duke Snyder y Willie Keeler jugaron aquí. Babe Ruth, quien fue coach del club en 1938, no cuenta.

Solamente Robinson, quien jugó en Los Ángeles al final de su carrera en 1972, y Eddie Murray se podrían considerar en la misma categoría de Ramírez en la historia del béisbol, pero el dominicano es el único bateador de .300 y más de 500 jonrones y 1,700 carreras impulsadas que perteneció a los Dodgers alguna vez.

Piazza, el Novato del Año de la Liga Nacional en 1993 y quien bateó sobre .318 en cada una de sus seis temporadas completas en Los Angeles, fue cambiado a los Marlins de Florida en mayo de 1998 en una de las transacciones más criticadas en los anales de la franquicia.

Piazza, quien se retiró al final de la temporada pasada, bateó .308 con 407 jonrones y 1,113 carreras empujadas en 16 años con cinco clubes. Ramírez, el mejor bateador de 36 años desde Barry Bonds, exhibe promedio de .314 con 527 jonrones y 1,725 carreras impulsadas en 16 temporadas. Este año bateó .332 con 37 jonrones y 121 impulsadas con Boston y Los Ángeles.

“Ambos son bateadores asombrosos”, dijo el lanzador coreano Chan Ho Park, el único de los miembros actuales de los Dodgers que jugó con Piazza. “La mayor diferencia entre los dos podría ser que Manny es más amigable, más llevadero con sus compañeros, y además, que habla español”, agregó Park.

Desde que llegó a Los Ángeles, luego de unas turbulentas relaciones con la oficina central de los Medias Rojas, Ramírez ha vivido una especie de cuento de hadas al más puro estilo de Hollywood. El jardinero lideró la ofensiva de las ligas con un promedio de .396 (74-36) con 17 jonrones, 14 dobles, 53 carreras impulsadas, 36 anotadas y un porcentaje de embasamiento de .489 para encaminar a los Dodgers a conquistar el banderín de la División Oeste de la Liga Nacional.

“Manny Ramírez le dio vida al equipo, desde su llegada se ha visto el club muy diferente”, dijo el antiguo lanzador mexicano Fernando Valenzuela. “Le quitó presión a todo el equipo, atrae la presión, la convierte en diversión y le hace la vida fácil al conjunto”, dijo el torpedero dominicano Rafael Furcal.

Una vez en la postemporada, Ramírez no cambió su plan de ataque contra los lanzadores de los Cachorros de Chicago. Bateó jonrones en los dos primeros partidos y finalizó con un promedio de .500 (10-5), con cuatro carreras anotadas y tres impulsadas en la primera barrida de los Dodgers en un playoff desde 1963, cuando vapulearon 4-0 a los Yanquis de Nueva York en la Serie Mundial.

“Ni con un guión planeado podría haberme ido mejor”, dijo Ramírez, quien ha pegado imparables en 38 de sus últimos 43 partidos de postemporada y batea .352 en la racha. “Pero no es algo que me sorprenda porque siempre he tenido confianza en mi talento y tampoco es algo que me haga dormirme en los laureles”, agregó. “Pienso que la clave para ganar fue el pitcheo, no el bateo. Los lanzadores nos mantuvieron arriba”, dijo Ramírez.