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La Presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, no estará hoy en las tribunas del legendario y ahora “bien maquillado” Maracaná, cuando Brasil y España salten a la trinchera puñales en mano, impulsados por una ansiedad incontrolable, en busca de la conquista de la Copa Confederaciones. Una oportuna y prudente asesoría, en la que debe estar incluido Lula, por supuesto, le ha recomendado quedarse en casa. Pese a todo lo abierta que ha sido con las protestas en las calles, ella debe haber escuchado decir que cuando el pueblo es Presidente, se le escucha y se le respeta. Así que, igual que ustedes y yo, estará frente al televisor viendo el gran duelo programado para las 4:00 p.m. hora nica.

“España jugará con arrojo, valentía y sin miedo”, ha dicho el general Del Bosque, como si fuera Wellington antes del primer aullido en Waterloo para enfrentar a Napoleón, o Aníbal en Zama frente al reto de Escipión, o Aquiles crispado en espera de Héctor. ¿Cómo se puede hablar de miedo en circunstancias como esta? Hoy veremos a dos equipos inmunes al temor, legionarios de la audacia, confiando en sus habilidades, dispuestos a prevalecer. Una final, como dirían los hermanos Coen, no es un lugar para miedosos.

“En casa, somos temibles”, dice Danny Alves, y Marcelo agrega: “No por ser la campeona del mundo, va a ganar España”, en tanto Arbeloa en la otra acera, sigilosamente, apunta disfrazado: “No tenemos nada que perder, ellos son pentacampeones”, a sabiendas de que se juegan mucho hoy, y Xavi se refugia en el rincón de la humildad: “Nunca he jugado contra Brasil, siempre he tenido esa ilusión”. Palabras, palabras, palabras, como dice la canción de Silvana de Lorenzo.

Lo obvio: se espera un gran juego, aunque no siempre ocurre. Toda la expectación que cobijó al planeta fútbol antes de la final del 98 entre Brasil y Francia, fue rápidamente dinamitada por los dos goles de Zidane y el tiro de gracia de Petit, dejando a Brasil deshilachado. No, uno piensa que no puede ocurrir eso hoy. España es favorito por ser el mejor equipo del mundo, el nuevo dueño del juego bonito, el rey de la posesión del balón y de la creatividad, pero a veces le cuesta sacudir las redes. Marcó ocho goles en siete juegos para ganar la Copa en Sudáfrica, con un gol en cada uno de sus últimos cuatro duelos. No necesitaba más. La propuesta brasileña es directa, ofrece mayores espacios y batalla fieramente por la recuperación. Eso puede facilitar mayor agitación y producción. ¡Ojalá!

España cuenta con más figuras, con suficiente destreza y con la necesaria experiencia, tipos duros mentalmente, resistentes, capaces de un funcionamiento compacto, a diferencia de Brasil, todavía un equipo experimental con todos sus movimientos colocados debajo de la lupa, con valores individuales que pueden desequilibrar, como Neymar, Hulk, Paulinho, incluso Oscar que no se ha activado, y Fred, un centro delantero de apariciones fantasmales, como si saliera detrás de las cortinas. Más solidez, agilidad y creación en el medio campo español sin duda, con Busquets como soporte, pero rápido tránsito y entrega inmediata por parte de Brasil, que no tiene una pareja como Iniesta y Xavi.

Pero los delanteros brasileños no pueden quejarse de abandono. ¿Cuántas veces hemos visto necesitados de pelotas a Neymar, Hulk y Oscar? Ellos tienen a Marcelo y Alves avanzando por las bandas y moviéndose hacia el centro con Paulinho atento. Eso sí, mayor facilidad de maniobra, sobre todo en los espacios cortos, de España, y mejor penetración por el centro. Pedro es un agitador, igual que Silva, y lo que mostró Navas frente a Italia obliga a persignarse.

Se cuestiona a la defensa de Brasil. ¡Cuidado con eso! David Luis del Chelsea y Thiago Silva del Saint Germain, son una fortaleza, y tanto Marcelo del Madrid como Alves del Barsa, son tan flexibles en su desdoblamiento como desconcertantes y peligrosos. Cierto, España presenta a Piqué y a un agigantado Ramos por el centro, con Jordi en el sector izquierdo, y el cauteloso Arbeloa en la derecha. ¿Ventaja para quién? España por las incorporaciones oportunas que hace Busquets, incansable y efectivo. Brasil no tiene a alguien así.

No más especulaciones. El favorito es España. Vamos a sentarnos frente a los televisores igual que la presidenta Rousseff, y ajustemos nuestros cinturones, recordando sí, que no siempre gana el mejor, porque de ocurrir siempre eso, espantando el suspenso, el fútbol no tendría chiste.

 

dplay@ibw.com.ni