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Cuando pensábamos --como diría el poeta-- que España estaba en capacidad de ir a la luna y más allá, con su fútbol indescifrable y resplandeciente, ocurre esto. Una imprevista y espectacular goleada de Brasil por 3-0, no solo para ganar la Copa Confederaciones, sino para demostrar que en 2014, será un aspirante temible con Neymar en pleno crecimiento, y con el resto de su tropa, agigantada.

La misión imposible: ¿Cómo ganarle a España?, finalmente fue posible. ¡Uhh!, eso era considerado casi tan difícil como pretender entrar enmascarado al salón oval de la Casa Blanca. Pero ocurrió ayer en el duelo cumbre del pequeño torneo, con una implacable y casi impecable actuación de Brasil, desarmando a un equipo grandioso, ganador de dos Eurocopas y de un Mundial, maravillando al planeta.

Con excepción del innecesario foul en el área de Marcelo a Navas, penal fallado por Ramos en medio del caos, Brasil estuvo casi perfecto. ¿Alguien esperaba eso? Seguramente ni Scolari. Sólido atrás, de rápido tránsito por el medio y punzante adelante, Brasil enloqueció a España dejándola largo rato sin ideas, indefensa ante la multiplicación de proyecciones, expuesta a todo tipo de asaltos.

Asestar una estocada tan temprano, tiene un gran significado. Y al minuto y medio, Brasil estaba en ventaja 1-0 por gol de Fred, desde el piso, encontrando la forma de estirar su pierna derecha y golpear la pelota con derecha en el área chica de un aturdido Casillas. Un gol de bravura, un factor que acompañado del atrevimiento, de la velocidad, y de la destreza del olfato, te permite, con el agregado de una efectividad fuera de serie en la recuperación de pelotas, mantener acorralado al adversario.

España no fue la España que todos hemos pasado viendo desde 2008, porque Brasil se lo impidió, con la autoridad que proporcionan la confianza en las habilidades y el peso de la contundencia. España necesitaba enviar una señal de vida para fortalecer sus pretensiones de hacer girar el partido, pero se las quitó David Luis en el minuto 40, cuando con Julio César vencido por el disparo de Pedro recibiendo de Mata desde la izquierda, hizo una aparición fantasmal, evitando que la pelota entrara a la cabaña. Arrugado por completo, el Maracaná se enderezó rugiendo. El 1-0 se mantenía.

Y no solo eso, a un minuto del final del primer tiempo, Neymar, en la reactivación de una ofensiva frenada, fue habilitado por Oscar desde el centro, y con zurda, apretó el gatillo agujereando a Casillas. El 2-0 tenía cara de sentencia, recordando que España solo pudo anotar un gol en cada uno de sus cuatro últimos triunfos en la Copa de Sudáfrica. Sin embargo, era una consideración precipitada.

Apenas iniciando el segundo tiempo, en el minuto 47, el segundo gol de Fred y tercero de Brasil. Hulk que llega, desliza hacia Neymar, que sin pérdida de tiempo hace un trazado a Fred. El derechazo bien colocado, junto al poste izquierdo de Iker, lo deja sin chance. ¿Cómo voltear un 0-3 frente a un equipo acelerado, acertado, incansable y penetrante, con puertas cerradas atrás?

La falla del penal por Ramos, terminó de desnudar a este desconocido equipo, y la expulsión de Piqué por derribamiento a Neymar hizo que se apagaran los televisores en toda España. Sin embargo, fueron necesarias dos grandes atajadas de Julio César para frustrar a Pedro y a Villa con estupendos disparos.

Difícil de creer el 3-0. Fue tan drástico como sacar del paraíso al equipo español a empujones. Pero no crean que es un cambio de guardia. Un solo partido no basta para eso, mucho menos a un año del Mundial y con tantos candidatos encabezados por Alemania. Eso sí, España se acostó golpeada, sintiendo que sus costillas crujían y que su cabeza dolía brutalmente.

 

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