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Los que leen mis columnas y escuchan mis programas, sabían cuál sería el tema de hoy 28 de julio: volver a recordar el Juego Perfecto lanzado por Denis Martínez desde la colina de los Expos contra los Dodgers hace 22 años en Los Ángeles. Así que no los estoy sorprendiendo.

“¿Y no te aburre?”, me preguntaba un amigo, sin pretender molestarme. “¡De ninguna manera!”, le respondí, agregándole: “las proezas, no envejecen, y por lo tanto no son sepultadas en el archivo ni aburren”. Cada vez que leo sobre la lucha entre Aquiles y Héctor me emociono, y lo estoy haciendo desde que era un chavalo; igual que con la historia de Teseo matando al Minotauro y saliendo del Laberinto, y tantas otras historias, como los trabajos de Hércules.

Para nosotros, tan pobres en proezas, incluso en el deporte, ese Juego Perfecto ha quedado grabado por siempre, como la victoria de Alexis sobre Escalera, en 1974, cuando se convirtió en el primer Campeón Mundial pinolero, y el resonante triunfo de Nicaragua sobre Cuba en beisbol, durante el Mundial de 1972.

El vídeo lo tenemos en el disco duro de nuestra memoria, y cuando activamos el “play”, conocemos todas las imágenes que vemos moverse vertiginosamente con nitidez, agitando los corazones, provocando un estallido de luces sobre el estallido de voces, pero nos mostramos tan interesados como si fuera la primera vez.

Ahí está Denis levantándose, sin sospechar lo que le esperaba ese domingo, llegando a la iglesia en Los Ángeles para asistir a misa, encontrándose con Vince Scully en la salida, percatándose de que está atrasado, porque el juego está programado temprano, y tomando un taxi hacia el Estadio.

Vemos a Denis quejándose de la dureza del montículo después de que Mike Morgan, lanzando contra los Expos, cuelga el primer cero; con el dolor en la cadera que puso en peligro su continuidad en el cuarto episodio; viendo el trabón de pelota en el guante de Tim Wallach y el lance de Larry Walker; poniendo el “stop” para revisar su gran fildeo asistiendo el machucón de Juan Samuel y tirando de rodillas, semiincorporado, sacando un gran out; disfrutando las dos carreras de los Expos, únicas del juego; y emocionándose hasta las lágrimas con la atrapada de Marquis Grissom, entrando a la zona de seguridad, para el out 27, en lo que fue el final del suspenso.

Y después, entre el asombro, el público de pie con la gran ovación, las palmadas en la espalda, los micrófonos, las preguntas, el baño de champán, la llamada a la familia en Miami, el sentirse entrando al cielo…, y ahora, el disfrute de un recuerdo imperecedero, para él y para nosotros.

Un recuerdo todavía joven, porque apenas han pasado 22 años.

dplay@ibw.com.ni