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Confirmado: el beisbol es un juego cargado de granadas de mano, y uno nunca sabe cuál de ellas, o cuántas van a explotar, hasta que lo hacen, como ocurrió ayer en Granada, con los Indios resolviendo a su favor el primer duelo de Semifinales a base de punch, con tres jonrones matadores sin necesidad de encontrar gente circulando, sellando una victoria por 4-1, que hizo olvidar el abuso innecesario de los toques de bola en un arranque tan confuso, con esa tendencia al suicidio, que nadie sabía qué estaba tratando de hacer el equipo capitalino.

Desde que se inventó el beisbol, el bateo de poder es destructivo, y eso le recordaron a Julio Sánchez el cañonazo de Jem Argeñal abriendo fuego en el cuarto y decisivo inning, y los dos que conectó Juan Carlos Urbina, el primero de ellos completando una combinación de golpes en la mandíbula del zurdo ganador de 11 juegos Mainor Mora, con una brillante efectividad de 2.21 en 150 entradas y dos tercios, un detalle que en apariencia, era totalmente desconocido para los Indios.

Y digo le recordaron a Sánchez, porque el Bóer estuvo tocando pelotas y perdiendo hombres en las bases en los primeros tres innings, como si de forma prematura se sintiera inutilizado ofensivamente, y forzado a precipitarse en busca del azar. Incluyan un intento de squeeze debidamente amputado. Sorprendió eso, porque con las puertas abiertas para ser agresivo y buscar buenos batazos, decides empequeñecerte de manera inexplicable, facilitándole simplificar al enemigo.

El pitcheo nada enérgico de Mora pudo haber sido dañado antes de ese estallido provocado en el cuarto episodio con dos jonrones, tres dobletes, estableciendo ventaja de 3 por 0, lamentando la pérdida de un hombre atrapado entre la tercera y el plato, pero la insistencia del Bóer de jugar a “pellizcos”, lo mantuvo abrazado en un 0-0 con el derecho Edgar Ramírez, sobreviviente a un lío en el cierre del tercero, cuando vio a dos hombres de la parte baja del line-up tiburón en las bases, para enfrentar a Iván Marín y Darwin Sevilla, mansamente dominados.

El segundo jonrón de Urbina, quien descargó 11 y empujó 53 carreras en la temporada, ampliando 4-0, fue en el inicio del sexto contra el derecho José Chávez, tercer lanzador utilizado por Hubert Silva, el manager que malogró una excelente oportunidad de pegar primero en el propio inicio, perdiendo al lead-off Marín en intento de robo de la tercera base, quitándole a Talavera el cuarto bate, la opción de tomar turno con compañero en posición anotadora. Pienso que hay que regresar al uso del Manual.

Limitados a solo cuatro hits por el brazo de Ramírez a lo largo de seis entradas, los Tiburones escaparon al blanqueo en el sexto, aprovechando que alguien le sacó la brújula del bolsillo al tirador de los indios. Golpe a Marín y base a Sevilla sin out, obligaron a Sánchez a quitarse la gorra y rascarse la cabeza. En conteo riesgoso de 3 y 2, el aturdido Ramírez dominó a Moisés Flores con batazo dentro del cuadro para el primer out, pero los corredores avanzaron. Un elevado de Talavera al jardín derecho, impulsó a Marín recortando la diferencia 4-1, pero con las esperanzas de resurgimiento enlatadas.

Pese a que el relevo de Danilo Álvarez tuvo sus intermitencias, el Granada no pudo conseguir algo más y salió herido en la primera batalla de semifinales, después de mostrarse anémico frente al plato. Esta mañana, en Managua, en el viejo y cojeante Estadio de 65 años, mientras siguen buscando la primera piedra del nuevo parque, el derecho Julio César Raudez, un ganador de 15 juegos con la tercera mejor efectividad de la Liga, 1.52 en 130 entradas, intentará equilibrar la serie pactada a cinco duelos, cruzando disparos con Róger Marín, quien ganó 12 y perdió 4, registrando 2.26 en carreras limpias. Quedar atrás 0-2, sería mortal para los Tiburones.

Aunque la barra india se pierde de vista la mayor parte del tiempo, se espera una entrada más llamativa que la vista en Granada, con vacíos en las tribunas y cobijada de tristeza por el “amordazamiento” hecho a los Tiburones.