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El fallecimiento de George Scott a los 69 años, nos obliga a reactivar el disco duro de nuestra carcomida memoria, y recurrir a la asistencia de amigos contemporáneos, que, al igual que yo, disfrutaron todas las Ligas de Beisbol Profesional. Scott impactó aquí, antes de hacerlo allá, en la Gran Carpa.

En 1965, yo estudiaba ingeniería y venía siguiendo nuestra pelota rentada, que llegó a alcanzar un nivel próximo a Triple A, desde mis últimos años en Primaria. Era una época en que casi nos aprendíamos de memoria las crónicas y archivábamos los box scores, para poder discutir día a día con autoridad.

¡Viene Scott para el Bóer!, gritó alguien en el aula. Obvio, distantes de la magia del internet, limitados al deporte casero, lo que escuchábamos de la Liga cubana y las transmisiones radiales de las Series Mundiales, no sabíamos quién era. “Es mejor que Lou Jackson”, me dijeron en el barrio. ¿Mejor que Jackson? ¡Wow!, dije.

Cuando lo vi por vez primera en el entrenamiento de los Indios para la temporada 65-66, que sería la penúltima, me pareció ser más elevado que los 6 pies 2 pulgadas que medía, y pesar más de sus 200 libras en ese tiempo, concentradas en una musculatura productora de swings escalofriantes. Jugando la tercera base, luciendo como una muralla y exhibiendo un brazo que trazaba mortíferos rayos láser, Scott fue más notorio por su poder destructivo como bateador derecho. Se escuchaba el gemido de las pelotas cuando las golpeaba.

Una noche aquí en Managua, posiblemente contra el León de Tony Castaño, Scott ofreció una demostración “erizapelos”, disparando tres jonrones con líneas bestiales, uno por el jardín derecho --seguramente sobre un lanzamiento afuera--, otro por el izquierdo, y el tercero por el propio centro. Todos raspando el filo de las paredes. Fue de esas emociones que uno mete con camisa de fuerza en el cofre de sus tesoros para que nunca escapen.

El 31 de enero del 1966, después que León evitó la barrida en la serie por el banderín aprovechando que Scott, temeroso frente a unas serias advertencias por haber sido terriblemente dañino en la racha de tres victorias indias, decidió no viajar a la ciudad occidental --algo que me informa el doctor Julio Aguilar Bustamante--, los rugidores con Steve Cosgrove en la colina, aterrizaron en el gran estadio capitalino para enfrentar al curvista Willie Hooker, la selección de Calvin Byron para ese quinto duelo.

Ganó la tribu 5-1 ante 10,000 aficionados, con el impulso de Scott, Bob Oliver, Leo Posada, Denis Lundgreen --quien jonroneó--, “Musulungo” Herrera, y el pitcheo de Willie que recorrió todo el trayecto, dominando a una batería que juntaba a Deacon Jones, Jim Hicks y Manuel Antonio Díaz “Copa Castillo”, en el corazón de su line-up.

Prospecto de los Medias Rojas, Scott --con 22 años-- fue llamado al equipo grande en 1966, después de estar en Nicaragua, y estuvo en los 162 juegos, 156 veces como primera base, y cinco en tercera, quedando tercero en la votación para novato del año, empatado con Dave Johnson, detrás del ganador Tommie Agee de los Medias Blancas, y Jim Nash de Kansas. Al año siguiente, Boston ganó el título de Liga y cayó en siete juegos ante los Cardenales de Bob Gibson, con Scott funcionando como cuarto leño, detrás del ganador de la Triple Corona ese año, Carl Yastrzemski.

Líder jonronero y empujador con Milwaukee en 1975, Scott --bateador de 271 jonrones en las mayores-- se vio involucrado en un intento de agresión hacia Denis Martínez en 1977, cuando regresó a Boston. Scott consideró que Denis había tratado de golpearlo con un pitcheo adentro y explotó como el Vesubio. Sobre el incidente, Denis explica: “No era mi manera de ser buscar cómo golpear, sin embargo, cuando trabajas adentro constantemente, no te lo creen. Scott pensó que quería golpearlo. Fue cuando era un novato con los Orioles, en 1977. Solo estaba tratando de tirar adentro, pero Scott bajó su gran bate y vino corriendo hacia mí. Tenía 270 libras --era un hombre grande y horrible--, y yo era un chico asustado y delgado. Me di la vuelta y corrí al center field. Si Lee May, el primera base de los Orioles no lo hubiera detenido, Scott me habría matado.”

“En ese entonces, todos se rieron de mí porque me corrí. Dijeron que era una gallina, que debí haberme quedado y peleado con Scott. Si hubiera hecho eso, en vez de pitchear sobre los 40 años, todos estarían diciendo: ‘qué buena carrera habría tenido Denis Martínez si no hubiera tratado de pelear con George Scott’”.

Pelotero que impactó aquí, como Throneberry, como el “Borrego”, como Montemayor, Scott falleció a los 69 años.

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