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¡Un nica en Cooperstown! ¿Se imaginan eso? Ahí tenemos nuevamente a René Cárdenas, ese locutor de beisbol de estilo tan original por mezclar su precisa descripción con lo musical y lo ameno, aspirando al Premio Ford Frick, un boleto directo para entrar al Salón de la Fama a bordo de un tren bala. Aunque René es un soñador incurable, no era esa su pretensión cuando salió del terruño hace tanto tiempo.

Aquí, por uno de esos errores imperdonables, le confiscaron todo lo material, y por supuesto, le dolió profundamente. Eso lo impulsó al resentimiento con la injusticia que golpea impunemente, de acuerdo a la tolerancia de un sistema. Prometió a la orilla de su esposa Jilma, no regresar hasta que le devolvieran todo lo que con tanto esfuerzo y honradez, había logrado obtener en esta vida. Ni siquiera su inclusión en el Salón de la Fama del Deporte pinolero, lo hizo quebrar esa promesa por un par de días.

Cuando se presentó esa oportunidad, le dije en Houston: “No insistas en ser terco”, y pareció no estar interesado en escucharme. Seguramente no quiso responderme “No seas necio”.

Ahora un hombre sin edad, René Cárdenas, conocido aquí por otras generaciones como “El Chelito”, y todavía actualizado allá en Estados Unidos, trabajando con los Astros de Houston, después de haber quebrado el hielo con los Dodgers, abriendo las puertas a las transmisiones de Grandes Ligas en español, vuelve a ser nominado para entrar al Salón de la Fama y estar junto a BuckCanel, Felo Ramírez, Jaime Jarrin, y tantas otras figuras del periodismo especializado que han hecho historia, y contribuido al desarrollo y la popularidad del más impredecible de los deportes, el de las bolas y los strikes.

“Estoy viviendo otro rato de alegría cobijado de esperanzas”, escribe René en su página web, genuinamente emocionado, recordando las batallas sostenidas en años anteriores con Tom Scheek, Tim McCarver, John Miller o Tony Kubek. ¡Ojalá René, pese a la feroz competencia que tienes, lo ganes éste año! ¡Te lo merecés!

Confucio, quien aseguraba que todo en la vida debería ser asunto de merecimientos, votaría por René Cárdenas. El crecimiento de la presencia de jugadores latinos en las Mayores, y el interés de una audiencia que se deleitaba con las trasmisiones de la Cabalgata Deportiva Gillette jefeadas por el “para nosotros- inolvidable BuckCanel, estimuló a René para proponer atrevidamente transmisiones en español, enfocándose en los Dodgers como precursores. “Confiaba en el éxito de la gestión, como efectivamente ocurrió”, le dijo el pinolero a Terry Johnson en una entrevista de 1999 para Dodger Magazine, que conservo en mis archivos, cada vez más altos y más anchos sin necesidad de esteroides, amenazando con aplastarme algún día.

En enero de 1958, René que manejaba muy bien el inglés por haber estudiado allá, fue llamado para participar en una competencia con casi un centenar de pretendientes para ser el locutor oficial de los Dodgers en español. Su corazón saltó bruscamente cuando un mensajero de Western Union tocó la puerta, le entregó un sobre, y descubrió su nombramiento.

Nunca se detuvo. René, nieto del exPresidente de Nicaragua Dr. Adán Cárdenas, se estableció con los Dodgers con la dirección de Van de Walker, y más adelante ayudó al ingreso de quien su compañero de batería de largo rato, el ecuatoriano Jaime Jarrín, instalado en Cooperstown en 1998. Rápidamente, las transmisiones en español se fueron extendiendo, y René estuvo con Houston y Texas, antes de regresar con los Dodgers y hacer otra parada en Houston, donde se encuentra, siempre con Jilma a la orilla, formando la más grande pareja de doble plays desde Tinky y Everts con los Cachorros.

Recibí una lección de Amistad imperecedera por parte de René en Los Angeles, 1984. Cuando llegué al Estadio de los Dodgers, me le aproximé con cierto temor al rechazo. Yo había sido funcionario del Gobierno Revolucionario en Deportes, y estaba en Los Angeles, cubriendo para Barricada los Juegos Olímpicos. Aunque en el programa Doble Play, exterioricé en aquellos tiempos mi punto de vista sobre la arbitrariedad a René, la agresión golpeaba su mandíbula. Sorprendentemente para mi, respondió el saludo, se ofreció para ayudarme en cualquier cosa, y me llevó a comer al palco de directivos, no al de prensa. Después, conversamos largo rato, como lo hacíamos en su casa confiscada de la carretera a Masaya, aunque sin los elotes que preparaba Jilma.

Un excepcional ser humano, René Cárdenas siempre está listo para colaborar con los otros. Por su comportamiento en la vida, este trabajador incansable, jefe de familia ejemplar, amigo a prueba de balas, es un viejo miembro del Salón de la Fama de las buenas personas.

¡Un nica en Cooperstown! ¿Se imaginan eso? Todo un reto compitiendo con Richard Justice, Larry Dierker y Kenny Hand entre otros aspirantes. ¡Ojalá lo logres René! ¡Te lo merecés!

dplay@ibw.com.ni