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No hay algo más sublime que la alegría de los pobres. No necesitan mucho. Con algo les basta. Y en medio de la pobreza de nuestro deporte, que no fue capaz de fabricar más de media docena de figuras cumbres durante aquella huracanada etapa del beisbol profesional entre 1956 y 1967; que tampoco llega a esa media docena de valores indiscutibles entre los campeones mundiales de boxeo que ha producido; y está tratando de alcanzar esa “cifra mágica” en la nueva y naturalmente ruidosa generación de peloteros que saltan a la Gran Carpa, envueltos en las mayúsculas expectativas que dibuja nuestro “ilusionismo”, la pérdida de Everth Cabrera “amputa” el agrandado entusiasmo y la encabritada excitación, sobre los que hemos estado cabalgando casi día a día en esta temporada de 2013.

Somos propensos a eso por la escasez que siempre nos ha rodeado. Recuerdo cuando en los Juegos Olímpicos de Atlanta en 1996, en el palco de prensa, el colega de Cleveland, Terry Pluto, me preguntaba, antes de la explosividad informativa del internet: “¿Cómo hacen allá en Nicaragua para publicar diariamente algo sobre Denis Martínez?”, y agregaba asombrado: “Es un interés anormal”. El cronista, autor de media docena de libros, publicó al día siguiente una nota sobre ese tema en su periódico, el Beacon Journal, de Akron, parte de la cual, aparece en mi libro “Bravo Denis”.

Aunque un pitcher de rotación trabaja cada cinco días, aquí siempre teníamos un motivo para hablar de Denis, en un alarde de imaginación, atrapados por una agitación que parecía incontrolable. El día anterior a la presencia de Denis en la colina, estaban los enfoques acompañados de cifras; el día que lanzaba, la crónica de su trabajo con el mayor despliegue sin importar la hora de cierre de edición; luego, las consideraciones sobre la actuación registrada; al cuarto día, sus proyecciones, y al quinto, nuevamente la expectación por la apertura que realizaría. Y así vivimos, en un ciclo permanentemente estirado, como un desfile de ensueños y sombras al sonar de claros clarines.

Recuerdo en el inicio de los años 80, aún sin el apoyo de la computadora, cómo nos sentíamos cuando estuvieron en acción al mismo tiempo, David Green constantemente, Albert Williams, Porfirio Altamirano y Denis. Algunos días, los cuatro funcionaban registrando comportamientos llamativos, y teníamos la impresión de estar utilizando diez dedos en cada mano para redactar lo que nuestras mentes tan fértiles en aquellos momentos, producían sin necesidad de rimar.

Aunque el fantasma de la suspensión estuvo detrás de cada pisada y de cada turno al bate de Everth Cabrera desde antes de cantarse el Play Ball, nos aferramos a la tentación de lo imposible, que eso no ocurriera. Y así vivimos hasta el último instante, cuando se hizo el anuncio que golpeó nuestras mandíbulas, fracturando lo fantasiosa que estaba resultando esta temporada por el crecimiento de Everth, haciéndose merecedor a un llamado para el Juego de Estrellas.

Ahora, nos sentimos “amputados”. Cinco dedos en cada mano, nos parecen muchos frente a la computadora. Persiguiendo a Everth en sus ejecutorias, le restamos importancia a la fiera batalla entre Miguel Cabrera y Chris Davis por las tres coronas ofensivas en la Liga Americana, no dimensionamos correctamente el trabajo monticular del derecho de los Mets, Matt Harvey, colocamos a un lado el inesperado rendimiento de unos subestimados Medias Rojas de Boston, hemos reparado poco en el impacto provocado por el casi invencible Mark Scherzer, casi nos olvidamos de Yu Darvish, y hasta la trascendencia de Puig con los Dodgers, no nos obligó a estar pendientes de él, como deberíamos haberlo hecho.

Toda nuestra atención fue para Everth, el muchacho de Nandaime que salió de aquí sigilosamente, con pretensiones recortadas, logrando agigantarse a base de empeño, sacándole provecho a su agilidad, y convirtiéndose en la figura de los Padres. En sus aportes para El Nuevo Diario, Xavier Araquistain vive pendiente hasta de cuántos hot dogs se ha comido en la campaña.

De pronto, nos asustamos con lo inevitable al quedar sin Everth Cabrera en el escenario. ¿Y ahora qué hacemos? “Amputados”, sin piernas ni brazos, con Juan Carlos Ramírez enviado por los Filis a Triple A y con Wilton López intermitente, todas nuestras miradas van hacia Erasmo Ramírez, quien no estará en la rotación de fin de semana de los Marineros. ¿Será capaz el tirador derecho sureño, con balance de 3-0 y con una efectividad masticada de 7.25, de ofrecernos un par de meses tan consistentes como para atraparnos sin dejar de lamentar la pérdida de Everth?

¡Ojalá! Como diría el poeta, de compartir con nosotros momentos dolorosos como este: Es sólo una posibilidad de evitar llevar en una caja, como difunta, muerta como un lirio, la pobre esperanza.

 

dplay@ibw.com.ni