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Hubo un tiempo --no tan lejano-- en el que, cuando en momentos como este, con el equipo indio herido, acorralado por las dificultades, los boeristas se multiplicaban y saltaban a las tribunas con sus camisas abiertas, con su entusiasmo como puñal en mano, y con esa inmensa fe en los milagros, que siempre mantenía encendidas las velas de la esperanza.

¡Ah, qué tiempos aquellos! ¡Parecen haberse ido para nunca más volver! ¿O estoy equivocado víctima de una falsa impresión? No, de ninguna manera. En el caso de la pérdida de impulso y drástico recorte de sus “creyentes”, lo que ocurre con el Bóer actualmente, es un realismo que golpea.

El grito de guerra: ¡Viva el Bóer!, que circulaba aceleradamente por las arterias, erizaba la piel y estallaba en las gargantas, se ha estado desvaneciendo año tras año. Y uno se pregunta: ¿Dónde están los boeristas?, esperando verlos salir de los rincones para estimular a sus peloteros, estando atrás 0-2 frente a la Costa en esta final del “Pomares 2013”.

La pasión fue carcomida

¡Cómo “inyectaba” de optimismo el público indio a su equipo haciéndolo crecer frente a las adversidades! El ¡aquí estamos, a la orilla de ustedes! destrozaba las flaquezas. Recuerdo lo que significaba el Bóer y lo que era ser boerista antes, durante y después de la vieja liga Profesional. Incluso en los años 80 y en los 90. El seguidor de la tribu parecía ser diferente hasta en su forma de vestir, y, por supuesto, de gritar, de sufrir, de encenderse, de mostrar su fidelidad a prueba de huracanes y de terremotos.

El grito de ¡Viva el Bóer! era un grito de rebeldía, de protesta más allá de lo estrictamente deportivo, de identificación con un fanatismo único. Ese grito hinchaba corazones, movía montañas, abría el mar y sacaba rugidos del concreto de las graderías.

De pronto, el boerismo comenzó a debilitarse. Aquella pasión tan vibrante fue deteriorándose lenta pero inexorablemente. El equipo solo se veía respaldado abiertamente cuando llegaba a las fases finales, tanto en los “Pomares” como en la nueva etapa del Beisbol Profesional. Una barra “aburguesada”, solo animada por la grandeza de un roster y por lo placentero de los resultados. Nada que ver con sus raíces, con los fanáticos que se levantaban con las gallinas, pensando que hoy deberían estar temprano en el parque para empujar a su equipo contra el “odiado” Cinco Estrellas, o el León, el Granada o los Dantos, rivalidades fuertemente cultivadas, construidas con acero.

Un problema reciente fue la pérdida de identidad de sus figuras. Los pilares en un torneo funcionan como adversarios en otros; el equipo comenzó a ser cuestionado acusado de privilegiado no solo por el amplio apoyo financiero, sino por determinaciones que lo favorecían; ahora “los pequeños” eran los otros, y los obligados los Indios. Se registró un cambio brusco en el paralelogramo de consideraciones, y el crecimiento de la pluralidad de Managua también afectó.

No más aquel fanatismo

¿Y qué decir de la fragmentación de lo hereditario? Las nuevas generaciones, nuestros hijos y nietos, no solo no están interesados en usar la misma camiseta deportiva, sino que en su alegre independencia, son más influenciados por los compañeros de clase y de salidas, que por la casa, y hasta prefieren otros deportes. Aquel cultivo del fanatismo se fue extinguiendo.

Cuando estudiaba bachillerato, en los años 60, el primer punto de agenda al llegar al Instituto era el beisbol, lo que había pasado, lo que venía, y esencialmente las discusiones alrededor del Bóer. ¿Quién de nosotros no se sabía de memoria las alineaciones y el movimiento de las cifras?

Hoy, las nuevas generaciones se sienten más atraídas por el Madrid y el Barsa. Pobre DiEstéfano que nunca fue más importante que Duncan Campbell o Rigo Mena, o Cruyff y Beckembauer en la época de los peloteros de los años 70. Incluso en 1986, con Maradona maravillando, aquí, al mismo tiempo, el país estaba pendiente de la Selección en los Juegos de Santiago de los Caballeros, y de lo que podría hacer Diego Raudez en la lucha por las medallas. ¡Qué importaba que Zico y Platini fallaran penales en México!

El equipo indio está en serias dificultades. Necesita de su público. Pero la gran intriga es: ¿Dónde están los boeristas? ¡Ojalá aparezcan mañana!

 

dplay@ibw.com.ni