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Los Medias Rojas expusieron su quijada como lo hace constantemente Ricardo Mayorga, y los Rays la golpearon hasta derribarlos. La pelea fue desigual.

Con una victoria rotunda por 9x1, la inspiración del equipo de Tampa ha sido brillantemente restaurada, como varias de las pinturas en el Palacio de Versalles. Así que, después de tres juegos, los Rays han tomado las riendas de la serie por el título de la Liga Americana.

Súbitamente, el sol se ocultó en Boston y apareció el diablo en escena con el uniforme de Tampa. En una tarde infernal, los Medias Rojas fueron empujados hacia la mediocridad, y hoy tendrán que confiar en lo confuso que puedan ser los lanzamientos de nudillos del imprevisible Tim Wakefield, retando a Andy Sonnenstine.

Lo previamente más intrigante del juego, ¿cómo batearle a Jon Léster, quien había colgado 14 argollas consecutivas en la postemporada?, encontró una rápida respuesta con roletazo impulsador de Dioner Navarro en el segundo, después de un pasbol de Varitek, que facilitó el avance de Longoria y Aybar a tercera y segunda.

Un estallido de los Rays, fabricando cuatro carreras en el tercero, hizo saltar las tuercas en las columnas del viejo Fenway Park. Con dos a bordo, la última versión de Mr. Octubre, B. J. Upton, se voló la cerca, y el chavalo Evan Longoria colocó una pelota encima del muro del jardín central.

Qué momento más dramático para Terry Francona. El brazo zurdo de Léster colgaba como una guitarra sin cuerdas, consumiéndose por el fuego, y las posibilidades de Boston frente al hábil pitcheo de Matt Garza, resolviendo dificultades, se veían deshilachadas.

¿Cómo esperar que los Medias Rojas reaccionaran con Jacoby Ellsbury y David Ortiz sumergidos en el mar de la inutilidad, como tiburones asustados por haber perdido sus dientes? Era necesario el resurgimiento de su lead-off y su hombre proa para poder pretender pelearle ese juego a los Rays.

Precisamente un fly de sacrificio de Ellsbury en el séptimo envió la única señal de vida de los Medias Rojas, pero en el octavo, los de Tampa saltaron al tapete en busca del remate y desplegaron otra ofensiva con el jonrón de tres carreras conectado por Rocco Baldelli, ampliando la diferencia 8x1.

Los Rays todavía tuvieron aliento para agregar otra carrera en el noveno con el jonrón solitario de Carlos Peña contra Paul Byrd. En ese momento se detuvieron todos los relojes y se apagaron las radios y los televisores en Boston.

No era un silencio de funeral, pero de perder hoy, los Medias Rojas dormirían en las puertas del cementerio.