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Parafraseando a Andrés Openhaimer en el prólogo de su atractivo libro Crónica de Héroes y Bandidos, se puede decir que en series cortas, usted no puede creer todo lo que escucha, tampoco lo que ve, ni dejarse atrapar por las estadísticas o las consideraciones de los expertos. Han sido tantas las veces que hemos visto derrumbarse los mitos, que la intriga ¿qué es cierto?, se ha convertido en algo enloquecedor.

Se dice que “La experiencia es clave”…¿Cómo puede ser eso cierto, si durante largo rato, año tras año, con excepción de 1995, el equipo con más experiencia, los Bravos, naufragó incluso con los debutantes Marlins. En 1966, los Orioles, jugando en su primera Serie Mundial, barrieron a los Dodgers, que estaban en su cuarta presencia en siete años. En 1969, los Mets de Nueva York, un equipo que nunca había estado en ninguna parte, venció a los Orioles en cinco juegos.

El pitcheo profundo es decisivo…En los años 70, por tres Series consecutivas, 72, 73 y 74, ningún lanzador pudo recorrer toda la ruta, y en uno de esos juegos se utilizaron 11 pitcheres. En 1973, el abridor de Oakland, Jim Hunter, trabajó 13 entradas y un tercio, un out menos que el relevista Rollie Fingers. Ese mismo año, Fingers y Darold Knowles, del bullpen de Oakland, estuvieron trabajando en 6 y 7 juegos respectivamente, una exageración.

Uno escucha: “Los apostadores saben lo que se traen entre manos”…Falso, las apuestas giran bruscamente en diferentes momentos de cada serie. Si el equipo favorito para ganar la serie pierde el primer juego, las apuestas se estrechan, y cambian si ocurre lo mismo en el segundo juego. Hay tantos ganadores sorpresivos en los últimos años, que los cálculos previos sólo sirven como una pista soportada por los antecedentes.

“La ventaja de jugar en el terreno propio es importantísima”…A veces. Lo vimos con los Gemelos en el 87 y en el 91, pero en 1965, los Dodgers ganaron la Serie en Minnesota; en el 67, los Cardenales se impusieron en Boston; en 1968 los Tigres se coronaron en San Luis; en 1971 los Piratas liquidaron a los Orioles en Baltimore, y para no cansarlos, regresemos a 1972 cuando Oakland ganó la Serie en Cincinnati. Además, los viejos Yanquis ganaban no importa dónde jugaran.

¿Cómo discutir que usted debe ir con lo mejor que tenga?...No siempre. En 1929, los Atléticos de Filadelfia tenían a Lefty Grove con récord de 20-6; a George Farnshaw que mostraba 24-8, y Rube Walberg con registro de 18-11. ¿Por qué el manager Connie Mack inició la Serie con Howard Ehmke, un lanzador derecho que había trabajado solamente en 54 entradas. El sorpresivo abridor, ponchó a trece bateadores de los Cachorros estableciendo cifra récord para ese momento, pero nunca volvió a ganar otro juego en Grandes Ligas.

Así que, tengan cuidado con los “mitos” en los Clásicos de Octubre. Muchas cosas parecen, pero no lo son en series cortas. Se esfuman como el ganador de 31 juegos, Denny McLain en 1968.