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Saúl “Canelo” Álvarez es la contrafigura de peleadores mexicanos de comportamientos extravagantes como Julio César Chávez y Rubén Olivares, acostumbrados a ganar el round cero de cada uno de sus combates, con esa autosuficiencia vecina de la arrogancia. “Es un muchacho tímido que no habla mucho, que se aparta de los reflectores, y que no es fácil saber lo que está pensando”, se dice del “Canelo”.

Ciertamente, se captó el plus esfuerzo que hizo al intentar saltar al tapete del protagonismo durante la promoción del combate que sostendrá el sábado con Floyd Mayweather. “Lo que sé es actuar en el ring haciendo hablar a mis puños”, dijo quien es calificado como un golpeador destructivo, con seis nocáuts y cuatro victorias por decisión en sus últimas diez peleas, en ninguna de las cuales ha enfrentado a alguien parecido a Floyd, ese púgil de movimientos fantasmales entre las cuerdas, capaz de improvisar como un bailarín de rap, ejerciendo atracción con sus contorsiones en las noches de Times Square, en Nueva York.

Las cifras del “Canelo” impresionan, invicto en 42 peleas con 30 nocáuts, pero sin rivales de grueso cartel, excepto el ya desgastado Shane Mosley, al borde de la jubilación, y su última víctima Austin Trout, quien terminó en pie después de doce asaltos. El menor de ocho hermanos, que intentó ser vendedor de paletas en una parada de buses en Guadalajara, nacido en Juanacatlán, apoyándose en el vigor de su juventud, y empujado por la búsqueda de algo grandioso, usualmente un medio ligero con límite de 154 libras, aceptó encerrarse con el también invicto Mayweather, que registra solo una decisión dividida frente a Oscar de La Hoya, en 44 combates, en 2007, hace seis años y cuatro meses.

Pienso que hay dos posibilidades de sobrevivencia para Álvarez: salir tan furioso como un bulldog al “estilo” Mayorga con Andrew Lewis y Vernon Forrest, presionando intensamente a Floyd, buscando cómo aturdirlo, quitarle distancia, y golpearlo tomando todos los riesgos; o refugiarse en lo casual, un impacto de nocáut, como el derribamiento de Alí por parte del adulto mayor Chuck Wegner, o el nocáut de Buster Douglas a Mike Tyson.

Lo primero es lo menos probable, porque Mayweather no está inyectado de miedo como lo estaba Forrest, y sabe cómo enfriar la fogosidad de un boxeo huracanado y por tanto desordenado, en consecuencia, queda lo otro, el golpe que resuelva el combate como el aplicado por Márquez a Pacquiao, o que provoque tal desconcierto que abra las puertas para una arremetida. ¿Cuál podría ser una tercera vía? No la encontramos en la pantalla de posibilidades.

Ah, está lo del bulldog. Independientemente de todas las dificultades que tenga que atravesar, de lo escurridizo como un jabón que es Floyd, de la marcha de las tarjetas, incluso de cortes, Álvarez debe proponer una pelea de fiereza sostenida, sin dar ni pedir tregua, tratando de apurar a Mayweather. Es su gran opción para forzar una batalla agitada sin importar el precio que tenga que pagar y forzar algo sorprendente, quizás hasta para él mismo, y estremecer el planeta boxeo.

Desde siempre, la sangre mexicana, siempre ha sido un factor de seguridad en el boxeo. En el ring, el peleador mexicano se siente camino de Guanajuato, donde según José Alfredo, la vida no vale nada. Eso hace pensar que los primeros asaltos, con un “Canelo” volcado, serán los más dinámicos, y los que exigirán más de Mayweather. Momentos en los que la pelea será humeante, antes de que Floyd utilice su control remoto.

El muchacho mimado de Televisa, que alrededor de su fama manejó un noviazgo con Marisol González, cronista de deportes y exconcursante en Miss Universo, quien fue inducido al boxeo por su hermano mayor Rigoberto, eficientemente promocionado como un demoledor, va a su verdadera prueba de fuego, tanto como Ulises frente al Cíclope.

Álvarez ha estudiado una y otra vez el vídeo de la pelea Maweather-De La Hoya, y considera que los jabs rectos, esos que van al medio taladrando el rostro, son golpes claves, pero él no tiene la precisión en ese manejo que todavía tenía aquel Oscar. “Iré al cuerpo, al hombro, a los brazos. Lo voy a presionar siempre”, ha advertido el mexicano.

De él va a depender que sea una buena pelea, porque Mayweather es un ilusionista del ring, un Chris Angel fabricando apariciones y desapariciones, sacando conejos de la nada, enloqueciendo a sus rivales. “Canelo” necesita ser un “bulldog” el sábado para morder y tener oportunidad.