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Dice Jim Caple del ESPN, que los Medias Rojas ya han estado en este tipo de incomodidad antes, es decir, con la necesidad de ganar tres juegos consecutivos, y lo han logrado, así que –según él-, no podemos sorprendernos si somos testigos de otra proeza.

Hey, un momento. Caple nos está diciendo lo improbable se ha popularizado, que David volvería a tumbar a Goliat, que Wellington derrotaría nuevamente a Napoleón aún regresando las tropas de Grouchy a tiempo, que Fouché lograría jugarle sombra otra vez a Robespierre.

No Jim, no es tan así. Aquellos Medias Rojas contaban con un bateo súper destructivo y con carabinas como las de Pedro Martínez y Curt Schilling, eran capaces de sacar ileso a Leónidas de las Termópilas. Pero no éstos.

Puede que lo logren, lo que sería calificado como milagroso frente a estos Rays tan agigantados, acostumbrados a “tutearse” con ellos, a vencerlos 10 veces en 18 batallas, sin embargo, es poco viable revisando armamento, agallas, inspiración y crecimiento. Visto desde cualquier rincón, el funeral de Boston parece un hecho.

A lo largo de cuatro juegos, los lead-offs de Francona no han bateado hit en 19 turnos (Ellsbury de 14-0 y Drew de 5-0); el tercer hombre, David Ortiz, tan impresionante como una montaña en el cajón de bateo, registra un alarmante .071, consecuencia de sólo un cohete en 14 veces al bate; el catcher Varitek, de 10-0 en tres juegos, fue borrado del line up entregándole la máscara a Kevin Cash, y tanto Jason Bay como Kevin Youkilis, perdieron el ritmo.

¿Tienen algo que ver estos Medias Rojas con los terriblemente agitados que no dejaban piedra sobre piedra con sus ofensivas demoledoras sembrando pánico en temporadas anteriores? Nada, absolutamente nada.

Con excepción de Daisuke Matsuzaka, el pitcheo abridor de Boston ha sido casi catastrófico. Beckett, Lester y Wakefield, terminaron con sus brazos hechos astillas, y quedó lejos la posibilidad de llegar con vida hasta la escopeta de Papelbon. Precisamente Matsuzaka es el abridor de hoy tratando de prolongar la permanencia de los Medias Rojas en la sala de Cuidados Intensivos.

¿Qué tan grande lucirá hoy Scott Kazmir? Tampa, con la furia de Longoria, Upton y Peña, la agresividad incontrolable de Crawford y Aybar, el bateo oportuno de Navarro, la funcionalidad de su cuadro interior, espera proporcionarle a su “as de espadas”, el respaldo suficiente para asegurar el pasaporte a la Serie Mundial.

Hasta hoy, los Rays han demostrado que la superioridad mostrada en la temporada, no fue casual, y la extendida con una naturalidad impresionante, como si siempre hubieran estado en la cima del béisbol.

Una resurrección de Boston es improbable, pero no tanto, como era antes de iniciarse la campaña, la coronación de Tampa en la Liga Americana.