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Una pelea envuelta en llamas, con “Chocolatito” acelerando su golpeo, apretando al bravo mexicano Francisco Rodríguez contra las sogas, apurándose en busca del nocáut, fue detenida al minuto y diez segundos del séptimo asalto, en el preciso instante en que el azteca disparaba una larga izquierda que no llegó, intentando salir de las sogas, y mostrándose lúcido al momento de reclamar la suspensión abriendo sus brazos, con los ojos bien abiertos, interesado en seguir combatiendo una guerra ya perdida.

¡Qué buen show ofreció el mexicano Rodríguez! Entró al ring sin el menor temor, directamente a proponer una pelea agitada, sin dar ni pedir tregua, buscando como fabricar espacios para sus golpes, y por supuesto, obligando al brillante “Chocolatito” a desplegar un máximo esfuerzo, mientras asimilaba con firmeza algunas repeticiones de golpes, sin recortar su capacidad de agresión, lo que emocionó al público round tras round, con el nica estirando su legítima ventaja en las tarjetas.

Ninguna duda sobre la superioridad de Román entre algunas dificultades naturales cuando te encuentras con un rival osado, dispuesto a fajarse aún atravesando por situaciones adversas. Sin poder utilizar la velocidad de piernas que lo caracteriza, pero conservando la de manos, Román buscó siempre cómo recortar distancias para hacer prevalecer su golpeo al cuerpo, y cuando lo conseguía, establecía claras diferencias, sin “amputar” la bravura del azteca, quien demostró haber venido a pelear con intensidad cada instante.

Rodríguez, un adversario de constante ataque, logró conectar buenos golpes, sobre todo con derechas sólidas a la quijada y al rostro en los asaltos 5 y 6, después de estar abriendo ofensivas con las dos manos aunque sin contundencia, y estar cambiando de guardia intentando desorientar al pinolero, quien no pareció enterarse de esa maniobra nada útil.

Más allá de lo que pueda discutirse sobre la suspensión, Rodríguez se estaba deslizando hacia una inevitable derrota por nocáut, y Román, aparentemente excedido de peso, no iba a necesitar mucho tiempo para concretarlo, sin embargo, el grito de “no más” cuando el mexicano estaba enviando una señal con su izquierda larga aunque sin llegar, fue precipitado. Incluso con cortes escalofriantes, se han visto continuaciones. De situaciones como esa, muchos han salido a enderezarse, pero hay que admitir que no iba a ser ese el caso de Rodríguez. El pinolero ya tenía tomadas las medidas para domar su bravura y simplificar.

 

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