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Dos goles más del voraz Cristiano Ronaldo, uno de penal, y el Madrid derrota 4-1 al Getafe manteniéndose al acecho del Barsa y el Atlético. La cosa empezó con chasco, porque Bale se lesionó en el calentamiento. Estaba anunciado en la alineación inicial, y también Di María. El que quedaba fuera era Isco y la verdad que una vez vista su exhibición en la segunda parte nadie pudo lamentar que la esperada presentación del galés tenga que retrasarse. Isco ha caído de pie, se siente seguro, trabaja con entusiasmo, roba, corre, hace maravillas, enlaza con Cristiano, marca goles. Fue la alegría del Madrid, cuya cara depresiva fue Benzema, con el que el Bernabéu la va tomando y así es todavía peor. Al menos al marcharse tuvo aplausos.

Cristiano hizo dos más. Adiós Hugo Sánchez, ahora va a por Puskas, palabras aún mayores. Son 208 goles en 205 partidos y la voracidad del debutante que aún no ha marcado ninguno. Un jugador estelar al que le va el ritmo alto. Como a Bale, cuando esté. Como a Di María. Lo mejor de Isco es que se adaptó a ese ritmo en la segunda parte. Ancelotti ya ha abjurado de sus intenciones iniciales y me parece práctico que lo haga. Tiene jugadores para un tipo de fútbol, y además vienen practicándolo desde hace tres años. Es más sensato partir desde ahí que tratar de reinventarlo todo.

Y voy con la asamblea. Media entrada, mayorías a la búlgara y ataques a AS, que a Florentino le echa unas cuentas que no le gustan. Ya saben: lo que ganó con Del Bosque, lo que ya no gana, el 13-3 del Barça en estos cuatro años, la cobardía ante Mou, las obras incumplidas (cubrir el campo, el resort, el parque temático...). Esas bacalaíllas para cambiar de conversación tras cada fracaso. Sus compromisarios le aplauden, sí. La sombra del poder es cómoda. Y si uno le critica, le quita la voz y le reprocha no haber hablado en esas sesiones previas de comida de coco que organiza. Eso del parlamento abierto no le va.