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¿Qué tan inmenso llegará a ser el número 652 heredado a las futuras generaciones por el as del rescate, Mariano Rivera, quien ha dejado en paz a los bateadores después de 19 años de estarlos martirizando con su “recta cortada”, para muchos, el lanzamiento más venenoso de acuerdo a los estragos provocados? Por ahora, en el momento sublime de su retiro, estremecidos por el recuerdo de tantas emociones proporcionadas con ese pitcheo frío, pensante y vigoroso, se considera que esta cifra será imperecedera, y que “aderezada” por su efectividad y mayúscula utilidad postemporada, como soporte de la grandeza yanqui, hasta podría hacerlo ingresar por unanimidad a Cooperstown.

¿Se imaginan eso? ¡Caso único! Ni Babe Ruth, ni Cy Young, ni Nolan Ryan, por mencionar a sólo tres dueños de cifras que volcadas sobre el tapete de los asombros, pueden provocar un “tsunami”, lo consiguieron.

En las transmisiones en español por ESPN, el dominicano Ernesto Jeréz popularizó el “apaga y vámonos”, cada vez que Mariano entraba a rematar un juego. Raras veces, como cuando fue “herido” por aquel batazo de Luis González en la Serie Mundial del 2001, no se apagaron las luces y se derritieron las intenciones del bateo adversario. El panameño siempre daba la impresión de ser invulnerable atravesando tempestades.

Se va después de apuntarse 44 remates, por segunda vez la cifra más alta desde los 53 que registró en el 2004, lo que es un alarde para un veterano de 43 años. Admirable por supuesto, no tan impactante como el retiro de Sandy Koufax, forzado por la artritis, después de una temporada de triple corona y con 32 años.

Aún admitiendo lo elástica que es la regla de los juegos salvados, defendiendo ventajas hasta de tres carreras, entrando a lanzar con la carrera del empate en el círculo de espera, o trabajando eficazmente por lo menos tres entradas, Rivera fue considerado en todo instante, como un factor de seguridad imperturbable haciéndose cargo de un cierre de juego.

Tener a alguien como él, fue una mayúscula ventaja de los Yanquis, por el sentimiento de invencibilidad que transmitía. Lamentablemente no pudo ganar un premio Cy Young, lo que consiguieron nueve relevistas entre Mike Marshall de los Dodgers en 1974 con 106 apariciones y 208 innings trabajados, y el más reciente, Eric Gagne, también de los Dodgers en el 2003, salvando 55 juegos con 1.20 en carreras limpias y 137 ponches. No necesitó de esa distinción, quedando segundo en la votación detrás de Bartolo Colón en el 2005 con 43 rescates y 1.38 en carreras limpias.

Robin Roberts llegó a decir desde el micrófono, que era más raro anotar una carrera limpia contra Mariano, que caminar en la luna. Lo llamó un feroz competidor bajo presión, una especie de “matador silencioso” con ese lanzamiento cortado e indescifrable.

A la edad de 20 años, Rivera firmó con los Yanquis por tres mil dólares. Su inicial entrenador de pitcheo fue el nudillista Hoyt Wilhelm, primer relevista en ingresar al Salón de la Fama, y antes de ser llamado a las Grandes Ligas, fue sometido a una cirugía en su codo derecho en agosto de 1992. Sorpréndanse, el panameño fue dejado sin protección por los Yanquis en ese 1992, pero ni los Marlins ni los Rockies se interesaron.

Debutó en las mayores contra los Angelinos el 23 de mayo de 1995 ponchando a los dos primeros adversarios, Tony Phillips y Jim Edmond, pero en junio, después de cuatro aperturas y 10.20 en efectividad, fue enviado a Triple A junto con Derek Jeter. Cuando regresó en julio, ponchó a 11 de los Medias Blancas en ocho entradas, limitándolos a sólo dos imparables.

En su primera presentación como relevista, reemplazó al abridor Andy Pettitte el 1 de agosto de 1995. Le fabricaron tres carreras en dos entradas, pero se apuntó la victoria aprovechando una remontada de los Yanquis. Ese mismo año estuvo a punto de ser enviado a los Tigres de Detroit en el cambio que llevó a David Wells al equipo newyorquino, pero tal posibilidad fue finalmente descartada y comenzó a ser utilizado como preparador de John Wetteland, antes de reemplazarlo como cerrador cuando éste se fue del equipo.

Mariano, quien estuvo en 13 Juegos de Estrellas, se apuntó su primer salvamento el 17 de mayo de 1996 contra los Angelinos, asegurando una victoria del zurdo Andy Pettitte. En postemporada, sólo malogró 5 de 47 oportunidades de salvar juego, incluyendo 4 en situaciones cruciales con los Yanquis perdiendo la Serie divisional de 1997, la Serie Mundial del 2001, y dos frente a Boston durante aquella recuperación de los Medias Rojas en el 2004, ganando cuatro seguidos.

Consiguió el último out en cuatro Series Mundiales, 1998, 1999, 2000 y 2009, cerrando 16 series postemporada, 8 veces con oportunidad de rescate. La derrota frente al equipo de Arizona en la Serie Mundial del 2001, fue la única que sufrió en sus 96 apariciones “extra-campaña”

¿Quién será el próximo “apaga y vámonos”? Quizás Craig Kimbrel de los Bravos si mantiene ese ritmo de 45 salvamento por año, pero deberá esperar hasta el 2024, si es que su brazo está construido del mismo acero que Mariano y no flaquea. El reto es salvar tantos juegos, rodeado de cifras tan fantásticas, una misión casi imposible, incluso para la re-encarnación de Rivera.

 

130 La máxima cantidad de ponches de Mariano en una temporada. Fue en 1996, cuando por única vez, superó las 100 entradas.

71 La cantidad de jonrones que le conectaron a lo largo de 1,283 innings y dos tercios, con un máximo de 11 en 1995 cuando funcionó 10 veces como abridor.

11 Fueron los promedios debajo del 2.00 en efectividad en sus 19 temporadas. El más bajo, 1.38 en el 2005

8 Las campañas con 40 o más salvamentos, con récord personal de 53 en el 2004, después de haber registrado 50 en el 2001

82 Las victorias que obtuvo en su carrera por 60 reveses con promedio de 2.21 en carreras limpias.

32 El número de series postemporada en las que participó, incluyendo 7 Mundiales, permitiendo sólo 2 jonrones en 141 episodios.

169 Los millones de dólares que le pagaron en su carrera, con salarios de 15 y 10 en las dos últimas temporadas.