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El cielo está opaco, el aire frío, el día triste. El gran año que Miguel Cabrera, un bateador purificado por el juego, estaba construyendo en busca de una segunda triple corona consecutiva, fue derribado por culpa de problemas musculares que debilitaron su swing restándole impacto, lo obligaron a perderse 14 juegos, y lo limitaron a solo un jonrón en septiembre, después de haber disparado 10 el año pasado, cuando saltó sobre Josh Hamilton en un cierre de ribetes espectaculares.

Presenciando desde el banco el último juego de la temporada de los Tigres, víctimas de un No Hitter por parte del venezolano Henderson Álvarez, Cabrera se sintió “amputado”, conformándose con su tercera corona de bateo en racha, superado en jonrones y empujadas por Chris Davis de los Orioles. La única forma de borrar esa carrera de ventaja (139-138) que le facilitó a Davis la conquista de dos coronas, por sus 53 jonrones, hubiera sido volándose la cerca contra el pitcheo inspirado e indescifrable de Álvarez.

Dos triples coronas seguidas. ¿Se imaginan eso? Rogers Hornsby de los Cardenales y Ted Williams de los Medias Rojas, consiguieron la proeza dos veces, pero no consecutivas, y artilleros como Babe Ruth, Willie Mays, Barry Bonds, nunca lo lograron.

¿Qué tan viable era la posibilidad de algo sin precedentes para Cabrera? El 31 de agosto, el venezolano con 43 jonrones, solo uno menos que los conectados en el 2012, estaba amenazante a cuatro de Davis (47), y le sacaba ocho impulsadas de ventaja (130-122). En ese momento, siendo líder de bateo con 358 puntos, 28 encima de Mike Trout, se pensó que Cabrera tenía aseguradas dos coronas, y recordando lo ocurrido con Hamilton la anterior temporada, había que estar muy atentos a su persecución de Davis en jonrones.

Aunque Kevin Spacey en la serie de Netflix “House of cards”, recomienda ignorar el dolor o convertirlo en fortaleza, eso no lo puede hacer un bateador que se ve forzado a “gemir o aullar” en cada contorsión. Obviamente Cabrera sacrificó fuerza y decidió concentrarse en el tacto. El 21 de septiembre, todavía era líder impulsador con 136, dos más que Davis, quien había pisado el acelerador. Finalmente, fue superado por un paso (138-137).

El problema es que una oportunidad como esta, de hacer historia repitiendo de inmediato una proeza de ese tamaño, que no se producía desde Carl Yastrzemski en 1967, puede que no vuelva a presentarse. Y duele mucho, porque de acuerdo con Picasso, Miguel Cabrera estaba a la caza de esa oportunidad, pero su maquinaria muscular no respondió a la exigencia después de haber estado en acción en 161 juegos durante el 2011 y 2012.

 

dplay@ibw.com.ni

 

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