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Las ilusiones pueden ser marchitadas, pero vuelven a tomar forma y crecer. Es la lucha que sostenemos toda la vida cuando se viene desde abajo, sin tiempo para sumergirnos en el mar de los lamentos. Denis Martínez acaba de ser descartado como parte del Cuerpo Técnico de los Astros de Houston. En una campaña de cifras tenebrosas, nada extrañas para un equipo calificado previamente con absoluta certeza sin posibilidades, ni Johnny Sain, ni George Bamberger, hubieran podido hacer mucho por el pitcheo de Houston, con futuro, pero apenas en etapa de construcción.

Siendo coach de bullpen, atendiendo a los relevistas, Denis estuvo cumpliendo su tarea como complemento del responsable de pitcheo Doug Brocail, quien ahora funcionará en la oficina, como en otros tiempos, sin uniforme. Así que por nombrarse un nuevo jefe del pitcheo, separan a Denis, dejando a quien llegue en libertad de esa escogencia, lo cual se entiende.

Empeñado en llegar a ser un coach de pitcheo en las mayores, Denis estuvo trabajando eficazmente en las Ligas Menores con los Cardenales de San Luis, cuando llegó la oferta de Houston, que lo acercaba más a la posición buscada, y no titubeó en tomarla. Era un riesgo, pero como dice Valjean en Los Miserables, todo en la vida es riesgo, y no le fue bien a Denis.

“Necesito estar vinculado con el béisbol. Eso es para mí un soplo de vida”, me dijo en cierta ocasión. Con una buena jubilación en las narices y suficientes ahorros, más sus hijos –excepto Ricky- ya establecidos, Denis podría replegarse a una vida tranquila, pero “necesito de una agenda que me permita sentirme útil” ha expresado. Seguramente, estará a la caza de otra oportunidad.