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Los muertos que nosotros matamos no han sido sepultados. Viven todavía y parecen estar en pie de lucha con el resurgimiento de “Goliat” Ortiz. ¿Será posible que estos Medias Rojas puedan tener tiempo y aliento para volver a juntar clase, agallas y magia, para producir otro milagro beisbolero?
Ahí están, aceitando su armamento para el sexto juego esta noche. Crecidos con la transfusión de sangre recibida en los tres últimos innings la noche del jueves, ellos piensan que su viaje a San Petersburgo no será trágico, como el de Napoleón a Moscú.

Claro, hay que equilibrar la serie para buscar después la proeza, y es necesario que el derecho Josh Beckett vuelva a lucir tan inmenso como lo fue con los Marlins en el 2003 y con Boston hace un año, intentando reducir la agresividad y amputar la inspiración de Tampa, algo que lograron Jonathan Papelbon y Justin Masterson durante la resurrección considerada improbable, perdiendo 7-0 en la recta final.

Longoria, Upton y Peña habían funcionado destructivamente, taladrando las debilitadas esperanzas de Boston, haciendo masticar angustia, desesperación e inutilidad, a la multitud que no había encontrado el menor motivo para rugir en el Fenway Park.

Hasta que Goliat se levantó de la lona y colocando a un lado sus miserables cifras y el alarmante slump (15 juegos y 61 turnos sin volarse la cerca), hizo rechinar sus dientes inyectándole furia a su mirada, mientras su swing aplastaba el lanzamiento del relevista Grant Balfourd, produciendo ese jonrón de tres carreras.

Ese batazo provocó un ruidoso efecto. De pronto, los Medias Rojas se percataron de lo que eran capaces y se volcaron con ferocidad sobre el bullpen de los Rays. Desde 1929, no se había visto en postemporada, una salida del hoyo con ribetes tan espectaculares como la realizada por Boston para transformar ese 0-7 adverso en 8-7 favorable.

Severamente golpeado por los Rays en un acto de irrespeto, que incluyó tres jonrones en el segundo juego, Beckett, ganador de 12 juegos en una extraña temporada, enfrentará al derecho de 27 años James Shields, quien se apuntó 14 triunfos, pero fue oscurecido completamente por Daisuke Matsuzaka en el primer juego.

No hay comparaciones. Hasta hoy, Tampa ha sido más que Boston en todos los sectores, sin embargo, esas señales enviadas por los Medias Rojas en los últimos tres innings, constituyen una seria advertencia, porque de empatarse la serie, los escalofríos cambiarán de caseta, con el tirador de no hitter Jon Lester listo para ajustar cuentas.

Uno piensa que no sería justo para Tampa quedar al margen de la cuartilla a última hora después de haber mostrado una consistencia impresionante, pero lo de Boston sería grandioso, algo poético, como salir del infierno cargando un robusto tronco de árbol rumbo al paraíso.

dplay@ibw.com.ni