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El raro Justin Verlander de 13-12 sin completar recorrido en la campaña regular, dando la impresión de ser un tirador común, de esos que viene en “paquete”, se ha quitado la máscara en la postemporada, y mostrando otra vez un pitcheo tan impecable como los trazos de Rubens con su pincel maestro, y al mismo tiempo implacable, sosteniendo un no hitter durante seis episodios, después de cinco perfectos, empujó a los Tigres de Detroit a la serie por el banderín de la Liga Americana contra los Medias Rojas, siendo el factor clave en la victoria sobre el milagroso Oakland construido por Billy Beane con una pequeña billetera, por 3-0.

Durante las tres primeras entradas nos pareció estar viendo en Justin Verlander y en Sonny Gray, a pinturas restauradas de Sandy Koufax y de Bob Hendley, cuando se fajaron en 1965 en aquel duelo de solo un hit, por cierto intrascendente, de Lou Johnson, con Koufax victorioso 1-0 trabajando un juego perfecto. Las curvas de Gray haciendo estragos, y las bolas de fuego de Verlander derritiendo bates. Solo un hombre circulando en ese trayecto de 18 outs, Prince Fielder por boleto.

De pronto en el inicio del cuarto, con un out, Torii Hunter conecta el primer hit del juego, y sobre un segundo lanzamiento, Miguel Cabrera, olvidándose de sus agudos problemas musculares, desarrolla un swing y coloca la pelota encima de la pared del jardín izquierdo, saliendo de un slump de poder, sin jonrones en 52 turnos. Gray no quiso girar su cuello. Sabía que Cabrera le había pegado en la nariz al lanzamiento, y en su aturdimiento, fue golpeado con hits consecutivos de Víctor Martínez y Johnny Peralta con dos outs. Boleto a Ávila llenó los costales, pero Infante fue dominado.

Pese a lo temprano del juego, ese 2-0 en manos de un Verlander autoritario, sin permitir embasados en cinco entradas y como apuntamos ya, sin ceder hits en seis y dos tercios antes del roletazo abre surco del cubano Yoenis Céspedes, se fue agrandando como visto con una lupa de alto poder, de esas que se usan en los laboratorios.

En el sexto, después de 98 disparos y hits seguidos disparados por Víctor Martínez y Johnny Peralta, se decidió retirar de la trinchera a Clark, entrando Dan Otero, quien no pudo impedir un tercer rugido, producido con ruido de pocos decibeles, con un roletazo de Infante a tercera base. Ventaja de tres con Verlander todavía humeante, mantenía a la multitud enjaulada en Oakland con una filosa angustia aguijoneando.

Después de 111 lanzamientos, 10 ponches, una base y solo dos hits, el de Céspedes y otro de Josh Reddick en el octavo, Verlander fue a guardar su escopeta, entrando al remate Joaquín Benoit, quien sacó los dos primeros outs en el cierre del noveno antes de ser sacudido por doble de Jed Lowrie y golpear a Céspedes para meterse en una complicación de última hora, pero sujetando con cables de acero su sistema nervioso, liquidando a Seth Smith.

 

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