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El rescate llegó de la banca. Del más joven de todos, pero del más valiente de todos. Y lo hizo con gol, con gol de victoria, con aplomo, con testosterona, con arte, con devoción, con hambre, con sangre de su sangre. Y con ese gol de Raúl Jiménez, México ganó 2-1 a Panamá y se acerca a la posibilidad de jugar el repechaje ante Nueva Zelanda.

Era el minuto 85. El 1-1 era un funeral inevitable para los sueños mundialistas de los aztecas. Eran momentos de desazón, de angustia, de miedo, de desaliento, de banderas rotas y vencidas.

Y a un pase simple, pero visionario de Fernando Arce, a un balón sin tanto futuro, Raúl Jiménez lo convierte en la catedral de su carrera incipiente, imberbe, pero generosa.

El balón lo convierte en artillería y su cuerpo en una catapulta. El giro es entre dos defensas de Panamá. La cabriola es perfecta, digna de Cirque du Soleil. Y Jiménez la pesca de chilena, y le pone violencia, exactitud y precisión: 2-1, México vence a Panamá y gana un partido que en el trámite no merecía ganar, porque en el balance general fue, por momentos, inferior al adversario.

Ahora, México necesita combinaciones simples para ir a la repesca ante Nueva Zelanda. Necesita empatar al menos en Costa Rica o perder en San José incluso, pero que Panamá no sea capaz de vencer a EE.UU.

¿Clasificación directa? Cabe en el mundo fantasioso de la aritmética, pero no en la realidad, después de la exhibición ante Panamá. Pero puede ocurrir, si el Tri vence a los ticos y Honduras pierde ante Jamaica, y todavía habría que hacer cuentas de diferencias de goles.

Una jugada veloz altera el marcador y altera el partido. Gullit confronta con pase a Oribe, de inmediato rebota a Javier Hernández, quien hace un prodigio de devolución dejando libre a Peralta. Y el rescatista del Tri no perdona, controla, define y cruza. 1-0 al ‘39.

Segunda parte. Y México no cambia hombres. Ni horizontes. Giovani y Aquino siguen jugando a favor de Panamá, perdiendo balones, deteniendo el ritmo que pretende tener el Tri.

Y mientras los canaleros mantienen coherencia, cohesión, orden y paciencia, México se encomienda a los cambios: ingresa a Chaco Giménez, a Fernando Arce y a Raúl Jiménez, más con afán de preocupar a Panamá, que de encontrar concepto futbolístico.

Y en ese desorden, Panamá recupera la vida. Y es la experiencia de Luis Tejada, la que anticipa la salida de Ochoa y empuja la pelota, en el 1-1, en un océano silencioso en el Estadio Azteca, al 81, cuando parecía incluso que los canaleros estaban más cerca de ganar el partido que de empatarlo.

Y llegaría entonces la jugada y el jugador que disimula, que disfraza, la ruta de tumbos y tropezones del Tri.

Minuto 85. Un servicio de Arce por derecha. La pelota llega a Jiménez. El americanista no duda, muestra ese temperamento que lo convierte en el prototipo del futuro jugador mexicano: en la recepción la levanta, la acomoda a media altura. Y ejecuta la chilena, letal, colocada, lejana, que deja a Penedo como estatua de sal. 2-1.