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  • El Universal de México

Sumergido en la banca, desconsolado, Javier Hernández se mece el cabello una y otra vez, al ver correr los minutos sin remedio. Ahí, derrumbado, junto a sus compañeros, se saben eliminados. De pronto alguien les dice sobre la remontada estadounidense en Panamá. Ese detalle salva a México, y llena al “Chicharito” de felicidad.

Celebra, brinca, intenta reanimar a sus compañeros. Imágenes lastimeras de un joven que llegó a sorprender al mundo en el Manchester United y ahora se consuela con la falta de méritos de su Selección.

“¿Vergüenza? Claro, no somos conformistas. De estar eliminados a que le den la vuelta a un partido, te genera un sentimiento de alegría, pero la cosa es más negativa que positiva”, aboga el delantero, sin saber justificar su conducta en el banquillo, donde ha vivido los últimos instantes del tropiezo en Costa Rica.

“Si estamos en la convocatoria o no, hay que trabajar al 100% para poder llevar a México (al Mundial)”, remata, tras darse cuenta de que la amonestación sufrida impedirá que participe en el primer duelo contra Nueva Zelanda, otro argumento que invitaría, de plano, a no llamarlo para los dos encuentros del repechaje, donde solo podría participar en el compromiso de vuelta.

“Hay que ver lo positivo”, insiste. “Aquí ganamos y perdemos todos. Aunque sea por repechaje, pero Dios nos está dando una oportunidad y debemos de aprovecharla”.

En esa idea se muestra la mayoría del grupo. Todos hablan de esa segunda oportunidad que le ha concedido el Creador al fútbol mexicano, el cual ha tocado fondo, a decir del “Chaco” Christian Giménez, de los pocos en reconocer el lamentable espectáculo ofrecido por el “Tri” a lo largo de la hexagonal final de la Concacaf, concluida de la peor forma.

“Nos duele mucho, es una derrota dolorosa y estamos destrozados, qué te puedo decir. Se dieron los resultados, pero tenemos que ser conscientes de que fue una eliminatoria mala. No es mediocre, sino mala”, precisa, acentúa, molesto cuando escucha esa palabra.

“Desde el principio sabíamos que era así y no lo podemos cambiar. Dar gracias a Dios que nos da otra oportunidad. Hoy no podemos ir más abajo, hemos tocado fondo. Hay que meterle, no queda de otra. No hay nada qué festejar. Tenemos que agachar la cabeza y saber que defraudamos al país”, reconoce, en contraste con los festejos del “Chicharito”.

Incómodo, Guillermo Ochoa se descubre parco, seco. No tiene ganas de hablar. “Queda un lugar pendiente en la eliminatoria y hay que ir a aprovecharla para ir al Mundial”, se conforma. “Muchas selecciones se han adelantado en esa forma, no es lo ideal para México, pero hay que poner los pies en la tierra y asumir la responsabilidad”.