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En cuatro salidas consecutivas, Michael Wacha ha sido casi intocable y con nervios de acero.

Los Cardenales de San Luis necesitan solo otra apertura así de su pitcher novato para llegar a su segunda Serie Mundial en los tres últimos años.

Wacha se impuso en un duelo monticular contra el favorito al Cy Young de la Liga Nacional, Cleyton Kershaw, en el primer partido de la serie de campeonato de la Liga Nacional, que San Luis ganó por 1x0 con una carrera sucia.

Ahora vuelven a encontrarse esta noche en el sexto encuentro, un prometedor derecho contra el zurdo que cualquier manager quisiera tener en el montículo en esta situación.

Los Dodgers se aseguraron que la serie regresara a San Luis al ganar el miércoles por 6x4 con un par de jonrones de Adrián González.

Es bastante probable que sea más difícil anotar carreras hoy. Carl Crawford no sabe explicarlo y de seguro no quiere ponerse a ponderarlo. ¿Para qué? Después de que su carrera como liga mayorista se descarrilara por más de tres años ante las expectativas que pesaban sobre él tras firmar un contrato de US$142 millones con Boston y una racha de lesiones serias y leves, Crawford ha renacido como jugador. En cuanto a los Dodgers de Los Ángeles se refiere, no pudo haber elegido mejor momento para hacerlo.

A los 32 años de edad, Crawford luce como el mismo jugador que ayudó a Tampa Bay a convertirse en un contendiente en el Este de la Liga Americana. El miércoles, en el triunfo de los Dodgers por 6x4 sobre los Cardenales en el Dodgers Stadium, Crawford sacó del parque una recta de 96 millas por hora del abridor Joe Kelly.

El cuarto bambinazo de Crawford en estos playoffs, el segundo de cuatro jonrones solitarios que pegó el equipo de Don Mattingly en el Juego cinco de la Serie, ayudó a los Dodgers a ganar y a obligar un sexto compromiso.

Con dos victorias más, Crawford estaría de regreso en la Serie Mundial, donde el jardinero buscaría un mejor resultado que el que obtuvo con Tampa Bay en el 2008.

“Comencé a sentirme mejor en la recta final”, dijo Crawford, quien terminó la campaña regular bateando para .283 con seis jonrones, 31 remolcadas y 15 bases robadas en 116 compromisos. “Afortunadamente, me sentía bien físicamente, mi swing comenzó a mejorar, y eso me permitió buscar lanzamientos que podía mandar lejos. Encontré un ritmo con el que me siento cómodo y me ha estado dando resultados”, concluyó.