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Mientras Diriangén respiró en medio de la crisis con un triunfo merecido en su estadio, Ferreti sigue sin poder reaccionar y sufrió el domingo ante los Caciques su quinto revés en este torneo, la cifra más alta entre los seis primeros equipos de la tabla. Y lo peor es que Estelí lo visitará este miércoles en el Estadio Nacional.

Por cierto, los rojinegros se mantuvieron en la cuarta posición solo porque Jalapa cayó 3-1 ante un Ocotal crecido, que logró apenas su segunda victoria en diez juegos.

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¿Qué pasa con Ferreti que no reacciona? Por momentos nos da la impresión de que falta un poco de actitud, que pierden el ritmo o no logran fluidez por la marca fuerte del rival. Algo de eso ocurrió el domingo en Diriamba. Fue evidente cómo les metieron presión a los jugadores que mejor manejan el balón. Maycon Santana y Dani Cadena fueron casi desaparecidos de la cancha, cada vez que tocaban pelota tenían a dos sobre ellos y generalmente con fuerza desmedida para no dejarlos pensar.

Eso restó profundidad al equipo y, para colmo, cuando Axel Villanueva se veía más conectado en su afán de aportar, sus emociones lo despacharon rápido de la cancha. Salió en el segundo tiempo con tarjeta amarilla y casi protestando todo del árbitro. Quién estuvo constante en su rendimiento fue Mitchell Williams, quien al 32 recuperó un balón rechazado, disparó y entre varias piernas rivales le quedó a Villanueva para poner adelante a los rojinegros.

En ese momento se veía mejor Ferreti. Pero una falta al borde del área, al minuto 38, le dio a David Solórzano un balón que cobró en gran forma y metió a las redes pero quedó la impresión de que la barrera no estaba bien ubicada.

En el segundo tiempo, las cosas fueron más difíciles para los capitalinos. Diriangén sacó a Nasser Valverde, quien se estaba quedando en la marca de Maycon y entró Juan Carlos Urbina que junto a Jason Coronel y Diego Bruto, presionaban más. Lo mismo hacía un Raúl Leguías sacrificado en la marca para evitar la salida del rival.

Cuando llegó el gol de Emilio Palacios, los rojinegros se veían partidos, sin un eje que uniera la media cancha con el resto y, pese a los cambios, no encontraron la forma de evitarlo.