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Fernando Torres –fuera de combate por tres semanas- y Cristiano Ronaldo, son los dos jugadores más emblemáticos del campeonato inglés. Una encuesta, organizada por la Premier League y abierta a todos los aficionados del mundo, dirá quién es el futbolista más popular del torneo. El triunfo en la Euro, sus goles ganadores con el Liverpool y la excelente imagen colocan a Torres como ganador. Todo apunta a que nos encontramos ante el próximo fenómeno mediático.

Es de justicia poética que “El Niño” haya marcado el gol número mil del Liverpool en la Premier League. En marzo pasado se convirtió en el primer “red” que anotaba dos “hat tricks” consecutivos en casa (con el Middlesbrough y West Ham víctimas de sus hazañas). Poco después conseguía ser el primer jugador del equipo que anotaba veinte goles en una temporada desde Robbie Fowler en el 95-96. Al mes siguiente, un tanto suyo eliminó al Arsenal de los cuartos de final de la Champions y elevó su marca personal en todas las competiciones a veintinueve (terminó con 33), más de los que jamás logró Michael Owen con la mítica camiseta roja. En mayo igualó la marca de Roger Hunt marcando en ocho partidos consecutivos en casa. Sus veinticuatro goles del año pasado en la liga constituyen el récord para un extranjero debutante.

Cristiano Ronaldo le arrebató los títulos de “jugador del año” que concede la Asociación de Futbolistas Profesionales (PFA) y la Asociación de Periodistas Deportivos (FWA) y Cesc Fábregas el de “mejor jugador joven”, pero las copas y diplomas no van a faltar en las paredes de su casa. Tiene tiempo por delante.

Torres es en muchos sentidos el futbolista perfecto, trabajador y brillante a la vez, respetado por los contrarios, querido por los compañeros, alabado por los periodistas e idolatrado por la afición. Liverpool es la ciudad inglesa con la mejor marcha nocturna después de Londres, pero hasta ahora ha conseguido evitar cualquier tipo de escándalo bajo el foco de los insaciables paparazzi. Se mueve por los bares y discotecas de Merseyside con la misma discreción, rapidez y sigilo con que elude a los defensas rivales para encarar la meta contraria. Jugar para uno de los equipos más populares del país, que no genera la hostilidad de un Chelsea o Man United, sin duda le beneficia.


Un duelo que hará época
Es imposible saber cuánto tiempo seguirá en Anfield, y si Cristiano Ronaldo cambiará el año que viene Old Trafford por el Bernabéu (el enorme endeudamiento de Liverpool y Manchester United en la actual crisis financiera añade nuevos interrogantes sobre la futura capacidad de los clubs para pagar sus salarios). Pero en el supuesto de que ambos continuaran en Inglaterra, su duelo podría ser la antorcha de la Premier League por mucho tiempo y marcar toda una época. Ambos son candidatos a Jugador del Año de la FIFA, un pulso que podría repetirse muchas veces más y es sintomático de la actual potencia de una Premier League que el año pasado mandó en Europa.

Esta temporada Torres ha salido en “pole position”, con el impulso que le dio una buena Eurocopa y el gol decisivo en la final de Viena que España ganó a Alemania. Por el momento lleva marcados cinco goles (los mismo que Jermain Defoe del Portsmouth y Amr Zaki del Wigan), mientras el portugués del Manchester United acaba de regresar al terreno de juego tras la lesión que le ha tenido la mayor parte del verano en muletas mientras deshojaba la margarita del Real Madrid sí, Real Madrid no.

Torres le costó al Liverpool el año pasado veinte millones de libras, pero probablemente se trate del dinero mejor gastado en la historia del club. Desde luego es el mejor fichaje de la “era Benítez”, en la que han llegado a Anfield algunos buenos jugadores pero también un montón de medianías demasiado caras, en la ansiedad por reforzar un equipo que sigue triunfando en Europa (tiene cinco títulos, detrás tan sólo del Madrid y el Milan) pero hace mucho tiempo que perdió el pulso a la liga. El último título se remonta a la temporada 89-90, cuando Margaret Thatcher todavía estaba en el poder.

La mejor arma de Benítez
Conquistar de nuevo la Liga sería fundamental para los hinchas del Liverpool. El hecho de que el Manchester United sume ya diecisiete títulos de liga (frente a los dieciocho de los “reds”) ha puesto esta temporada una enorme presión sobre Rafa Benítez, que no quiere pasar a la historia como el técnico bajo cuyo mandato los eternos rivales igualaron la marca.

El técnico ha estado un par de veces a un tris de hacer las maletas, ante la tibia confianza que en su persona han mostrado ocasionalmente los propietarios norteamericanos George Gillett y Tom Hicks, o la reticencia a autorizar fichajes como el del argentino Javier Mascherano. Pero ahí sigue, y la más poderosa arma de su arsenal es “El Niño” Fernando Torres.


Chelsea y Manchester
Dos finales de la Champions han dado crédito (generoso aunque no ilimitado) a Benítez, pero su gestión liguera ha sido hasta ahora un quiero y no puedo, incluso sufriendo para entrar en los lugares de Champions y no quedar por detrás del eterno rival Everton.

Los ocasionales detalles de clase han quedado opacados por una falta endémica de regularidad, con demasiados empates en casa y derrotas en campos de equipos más débiles pero correosos, a los que Chelsea y Manchester United ganaban fácilmente.

Otra campaña de esa índole significaría probablemente el canto del cisne del entrenador madrileño en Anfield, pero por el momento la dinámica parece diferente y el equipo comparte la cima de la Premier League con el Chelsea. Se da la circunstancia de que con Rafa Benítez en el banquillo, el Liverpool jamás había arrancado tan bien en la “Premier”.


El kid de Anfield
Parte muy importante de la responsabilidad es de Fernando Torres, que en la última jornada sacó las castañas del fuego con dos goles en la remontada (2-3) frente al Manchester City. Algunos triunfos han sido agónicos, pero por el momento el Liverpool encuentra la manera de ganar.

Es demasiado pronto para hacerse ilusiones, pero el Liverpool cree que este año puede romper el monopolio de Chelsea y Man United, y conquistar su decimonoveno título.