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Uno entra al Museo de Louvre y queda maravillado por todo lo que ve. Quiere abrazar a la Venus de Milo que no tiene brazos; grabar en la memoria cada trazo magistral de Leonardo en su famosa Mona Lisa; o robarse un cuadro de Rafael. Es difícil, muy difícil, tratar de fijar ¿qué es lo mejor de todo lo que está adentro?

Eso mismo ocurre cuando intentamos zigzaguear entre múltiples riesgos, buscando cómo establecer ¿cuál ha sido la mejor de todas las Series Mundiales?

Uno de los recuerdos que mantiene agitados nuestros corazones es el que provocó Luis González en el 2001 bateando el hit de oro contra el habitualmente indescifrable Mariano Rivera, para dejar tendidos a los Yanquis. El planeta béisbol se sintió girando al revés.

Nunca olvidaré la Serie de 1975 entre Rojos y Medias Rojas. Me encontraba en México cubriendo los Juegos Panamericanos, pero no me perdí juego de aquel Clásico en la Sala de Prensa. El hit de Joe Morgan, los pitcheos de Tiant, el relevo de Jim Burton, la gran Máquina Roja con su fantasioso line-up, y aquellos Medias Rojas impresionantes aún sin Jim Rice.

Pero, cuando vi la de 1991, entre dos equipos que habían terminado en último lugar en la temporada anterior como Bravos y Gemelos, no dudé en colocarla como la mejor de todas, sin pretender subestimar como cierre, ese jonrón matador de Yanquis de Bill Mazeroski en 1960, ni robarle valoración a la mencionada del 2001 entre Arizona y Yanquis.

¿POR QUÉ LA MEJOR?

Bravos y Gemelos nos proporcionaron en aquel 1991, la primera Serie en tener cuatro juegos decididos en la última pitcheada. Consideren la carga de suspenso que eso implica. Previamente, solo se habían visto dos juegos resueltos en el último instante en la misma serie.

Agreguen, que fue la primera Serie en tener cinco juegos decididos en el último turno al bate de un equipo, superando la marca de cuatro... Fue, además, la primera que presentó un séptimo juego avanzando sin anotaciones a lo largo de nueve entradas, y la segunda con el séptimo juego 1-0.

Si quieren algo más, fue la tercera con cinco juegos resueltos por la diferencia de solo una carrera, y por supuesto, primera y quizás la única serie en tener dos equipos que pasaron del último lugar al primero.

Atrapadas como la de Puckett descabezando un batazo de Ron Gant, el engaño a Lonnie Smith, jonrones insospechados encendiendo dramas, ese hit de Gene Larkin, el gran duelo entre Jack Morris y John Smoltz... Cada lanzamiento, cada strike, cada bola, cada inning, cada cosa importó mucho... Oh Dios, el mundo se detuvo.

SUPER-ELECTRIZANTE

La Serie de 1975 entre la Maquinaria Roja y “los malditos” Medias Rojas, fue tan cerrada, espectacular e impredecible en cada juego, que pudo ser inspiracional para genios del suspenso como Ágata Christie o Stephen King .

¿Por qué una gran Serie?.. Sherlock le diría a Watson, elemental hermano, cinco juegos se decidieron por una carrera y lo inesperado siempre estuvo emboscándonos.

Ganaron los Rojos con un dramático hit de Joe Morgan contra Jim Burton en el inicio del noveno inning del séptimo juego, una Serie en la que Luis Tiant logró la blanqueada que tanto había soñado en la primera batalla, ganó la cuarta pero no pudo completar un esfuerzo para tres victorias, en el último y decisivo duelo.

Fue la Serie del increíble y estremecedor jonrón de Carlton Fisk en el inning 12 del sexto juego, durante el cual, el manager de los Rojos, Sparky Anderson, utilizó 8 pítcheres; de la atrapada de Fred Lynn que le hubiera gustado realizar a Willie Mays; y del jonrón como emergente bateado por Bernie Carbo con dos a bordo.

En el juego siete, Boston se fue adelante 3-0, pero Tony Pérez conectó un jonrón de dos carreras en el sexto y Pete Rose disparó sencillo y empujó a Ken Griffey en el séptimo para empatarlo. Griffey también anotó la carrera decisiva en el noveno, impulsado por un sencillo de Joe Morgan con dos outs. Millones quedaron sin uñas, sin aliento, pero tan excitados como Arquímedes cuando salió desnudo del baño.

UN FINAL DE ALARIDO

En 1960, se produjo el séptimo juego más emotivo que haya habido. Como diría García Marquez, el jonrón de Bill Mazeroski parecía estar anunciando el fin del mundo. Más allá, no podía haber algo más.

Aquello fue frenético. Los Piratas se adelantaron 4-0; los Yankees ripostaron y se encaramaron 7-4; los Piratas anotaron cinco en el cierre de un octavo inning, culminado por jonron de tres carreras de Hall Smith y tomaron ventaja 9-7; los Yankees empataron 9-9 en la apertura del noveno, y en el cierre, Bill Mazeroski nos hizo cruzar la frontera del asombro conectando jonrón sobre el segundo lanzamiento de Ralph Terry, para ganar la Serie.

Mientras Mazeroski daba la vuelta al cuadro, los corazones trataban de salir por nuestras gargantas y un escalofrío nos recorría las espaldas... Fue una Serie tipo David contra Goliat... Las victorias Yankees fueron 16-3, 10-0, 12-0, en tanto, las victorias de los Piratas se lograron atravesando terribles dificultades, 6-4, 3-2, 5-2, 10-9.

FABRICANDO INFARTOS

La Serie Mundial del 2001 fue rompe-corazones... Cascabeles de Arizona y Yanquis de Nueva York nos mantuvieron balanceándonos en la hamaca de los infartos con resurrecciones espectaculares, hasta que finalmente, en el último grito del drama, el cierre del noveno inning del séptimo juego, Luis González con una estocada tan precisa y mortífera como las de Scaramouche, terminó de destrozar el sistema nervioso del as de espadas Mariano Rivera, arrebatándole el título a los Yanquis.

Un cierre soñado por Steven Spielberg para llevarlo a la pantalla, quizás con Tom Hank interpretando a González.

Los Yanquis, esquivando milagroso el dominio de los “Monstruos” Johnson y Schilling, resucitaron un par de veces y lograron, contra viento y marea llevar la serie al séptimo juego, tomando ventaja de 2 por 1 con Rivera en la colina.

¿Se imaginan eso faltando tres outs? Nada que discutir, habitualmente, pero los Cascabeles todavía tenían suficiente veneno para morder el brazo derecho del verdugo, y lo hicieron.

El jonrón de Luis González contra Mike Mussina colocó a los Cascabeles en ruta hacia una clara victoria en el juego 1, y el jonrón de tres carreras de Matt Williams contra Pettite al día siguiente, le permitió al equipo de Arizona, adelantarse 2-0.

Los Yanquis ganaron el tercer juego 2-1 y con dos milagrosas resurrecciones, provocadas por jonrones de Tino Martínez y Scott Brosius, obtuvieron victorias que hicieron girar la serie, apoderándose de las riendas 3-2. Los Cascabeles se volcaron ferozmente encima de los Yanquis para derrotarlos 15 por 2 en el sexto juego, y con relevo del inagotable Johnson y el batazo de González frente a Rivera, se coronaron con un espectacular robo de botín.

Randy Johnson se convirtió en el primer ganador de 3 juegos en un Clásico desde Mickey Lolich de los Tigres en 1968.

VEAMOS OTRAS

En 1972, los entonces indomables Atléticos de Oakland superaron en 7 juegos a los Rojos... Aunque perdieron al slugger Reggie Jackson por una lesión, los Atléticos contaron con el sorprendente aporte de Gene Tenace, un inadvertido bateador que descargó 4 jonrones y fue el gran factor de produccion... Seis juegos se decidieron por una carrera.

¿Y qué decir de la Serie de 1926 con los Cardenales saltando sobre los Yanquis?.. Babe Ruth y Lou Gehrig vs. Rogers Hornsby y Grover Alexander. ¿Qué les parece? Tres juegos decididos por una carrera, incluyendo al séptimo... Los Cardenales estaban adelante 3-2, cuando con las bases llenas y dos outs, Tony Lazzeri de los Yanquis bateó una pelota a los asientos de faul por unos cuantos pies y luego se ponchó... En el noveno inning del juego siete, Ruth recibió bases por bolas con dos outs para su transferencia número 11 en la serie y luego fue sacado tratando de robar segunda para terminar la serie.

En 1946, los Cardenales con el gran sprint de Enos Slaugther, derrotaron a Boston en 7 juegos... Fue una Serie frustrante para Ted Williams y Stan Musial, dos de los más grandes bateadores de todos los tiempos...Williams registró 200 puntos con una empujada y Musial 222 con cuatro remolques... Los Cardenales ganaron el juego siete 4 por 3, después que Slaugther se lanzó al home desde la primera con el doble corto de Harry Walker en el cierre del octavo.

 

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