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Apúntenle “estocada de remate” a Willie Aybar abriéndole espacio a lo justo. Ganó Tampa 3-1 y su próxima parada es en el país de las maravillas: la Serie Mundial 2008.

El equipo “bebé” de la postemporada se ajustó los pañales, reaccionó a tiempo y volvió a crecerse, para impedir otro milagro de los Medias Rojas. Su victoria por 3-1 fue posible con el gran pitcheo abridor de Matt Garza, sobreviviente al jonrón de Dustin Pedroia en el propio primer inning, y tres batazos: el doble de Evan Longoria al rincón del jardín derecho impulsando a Carlos Peña desde primera en el cuarto, y el cohete de Rocco Baldelli trayendo al plato a Aybar en el quinto, y ese jonrón rematador de Aybar en el séptimo, todos contra el zurdo Jon Lester.

¡Qué pitcheo el de Matt Garza, convirtiendo en aserrín la capacidad de agresión de los Medias Rojas! Fue golpeado por el madrugador jonrón de Pedroia, y cedió boleto a David Ortiz, pero de inmediato le quitó el impulso a los artilleros de Terry Francona retirando a 15 de 16 bateadores. Boston consiguió su segundo hit del juego hasta en el séptimo inning, con dos outs. Fue un batazo de Jason Bay a la zona corta del jardín izquierdo, durante un brillante cero colgado por Garza, su sexto consecutivo.

Con el bateo de Boston secuestrado, el manager Francona estaba claro de que no se podía hacer nada. Garza fue retirado en el inicio del octavo después de un error en fildeo del short Jason Bartlett sobre batazo abridor de Alex Cora. Su faena de 118 lanzamientos limitando a sólo dos hits la agresividad de Boston, ponchando a nueve y cediendo tres bases, lo colocan en pantalla como la figura cumbre del juego.

Con Garza fuera del escenario, el timonel de Tampa, Joe Maddon, funcionó como un ajedrecista manejando su bullpen, buscando el cero más difícil del partido. Cuatro relevistas fueron utilizados para sacar tres outs: Dan Wheeler golpeado por el hit complicador de Coco Crisp, pero capaz de anular a Pedroia; el zurdo J.P. Howell, que hizo lucir como peluche a David Ortiz; el derecho Chad Bradford, que boleó a Youkilis para llenar las bases; y el joven zurdo David Price, paralizador de J. D. Drew por la vía del ponche, conjurando el peligro, y dibujando el scone del noveno.

Así que los Rays encontraron a tiempo esa inspiración divina que los ha llevado tan lejos fabricando asombro, y evitaron el derrumbe mostrando su temple. Es justo, lo merecían, aunque duela no ver a Boston concretar otra proeza.

Y ahora, este equipo que logró salir del fondo del agujero, va a fajarse con los Filis en busca de la gloria.