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¿Lo vieron, se asombraron, se resisten a creerlo? Los entiendo.

El Bernard Hopkins envejecido, confuso y sin futuro que vimos frente a Winky Wright, y que continuó bastante borroso en su combate contra Joe Calzaghe, se mostró el sábado resplandecientemente restaurado, como el David de Miguel Ángel, construyendo una impresionante victoria.

Arrebatándole el invicto a Kelly Pavlik en Atlantic City, anulándolo casi por completo, como lo indica la diferencia en cada una de las tarjetas, Hopkins pareció tan grandioso e indestructible como el peñón de Gibraltar.

¿Cómo fue posible que un peleador de 43 años, que ha atravesado por una inevitable etapa de desgaste, pueda ser capaz de deslumbrar enfrentando el reto de un joven león hambriento de fama y fortuna, como Pavlik?
Moviéndose más, combinando mejor sus golpes, utilizando adecuadamente esa defensa que frustró a tantos, disparando y acertando más que Pavlik, el verdugo Hopkins se estableció rápidamente entre las cuerdas tomando y reteniendo las riendas del combate, haciéndonos creer que podemos pagar por verlo un rato más en pie de lucha, aprovechando esta escasez casi alarmante que afecta severamente al boxeo mundial.

¿Qué fue lo que vimos? Que un veterano verdaderamente boxeador, cuando consigue una espléndida condición física, puede hacer que un joven peleador en pleno ascenso deje olvidado en el closet todo su aprendizaje y sea inutilizado. Lo que ocurrió fue inesperado, no entraba en los cálculos previos, sobre todo después de que Pavlik derrotó dos veces a Jermaine Taylor, quien provocó impacto al convertirse en el victimario de Hopkins, precisamente en par de combates.

El público se emocionó sin control frente a la posibilidad de un cierre con ribetes espectaculares, cuando Hopkins llevó a Pavlik al borde del nocaut en el duodécimo y último asalto de la pelea pactada en 170 libras, sin ningún título en juego, pero con reputaciones sometidas a discusión.

Edificando esta significativa victoria, el viejo Hopkins parecía Santiago Calatrava, el famoso arquitecto español, trazando una geometría indescifrable con su izquierda adelantada, funcionando eficazmente, no sólo como golpe de apertura, sino abriendo brechas y ablandando, facilitando el acompañamiento de la derecha.

Ciertamente, por momentos, este Hopkins de 43 años lució mejor que en algunas de sus peleas cumbres, como fueron sus triunfos sobre Tito Trinidad y Antonio Tarver en 2001 y 2006. Las ventajas de 8, 10 y 12 puntos en las tarjetas lo dicen todo.

A esa edad, ni Archie Moore ni George Foreman se vieron tan bien como lo hizo el sábado este púgil que superó el récord de Carlos Monzón realizando 20 defensas de la corona mediano.

Todavía estoy frotando mis ojos recientemente sometidos a cirugía.