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No parece haber alguien perdido en el mundo de los acertijos. El pronóstico de esta Serie Mundial es directo, como un jab punzante de Bernard Hopkins al rostro del adversario: los Rays de Tampa deben imponerse a los Filis de Filadelfia, sin fijar el número de juegos.

No es un vaticinio tan aplastante como lo fueron Rojos sobre Yanquis en 1976, Atléticos sobre Dodgers en 1988 y los mismos Atléticos de Canseco y McGwire sobre los Gigantes en 1989, pero es claro, sin rodeos.

¿Por qué los Rays? Por haber transformado lo inspirador en consistente. El equipo que fue capaz de manejar la presión frente a las amenazas de los Yanquis y Medias Rojas para dominar el Este de la Liga Americana, y que mostró tanta madurez cuando fue exigido por Boston a mostrar sus agallas, se ve lo suficientemente grande para tomar el reto de los Filis y superarlo.

Porque esa cuota extra de poder exhibida conectando diez jonrones en tres juegos, algo que no fue posible en ningún momento durante la campaña, es una seria advertencia para la tripleta Utley, Howard y Burrell, todos con más de 30 vuelacercas. El único de ese nivel que tiene Tampa es Carlos Peña, quien disparó 31, pero la impresión más reciente, la que quema las manos, es que ese poder súbitamente mostrado por los Rays es cierto.

En estos momentos, ¿quién preferiría enfrentar a Upton, Peña y Longoria? Puede decirse que Upton es un hallazgo como mata-lanzadores, no Longoria, quien conectó 27 cuadrangulares perdiéndose 40 juegos.

El pitcheo sigue siendo lo esencial en este difícil deporte, y la rotación de Tampa tiene hasta para prestarle un brazo a los Filis, el de Edwin Jackson, un ganador de 14 juegos, fuera de acción en la serie contra Boston. Scott Kazmir, James Shields y Matt Garza se ven más firmes que Cole Hamels, Brett Myers y Joe Blanton, en tanto Andy Sonnenstine, como cuarto, es más confiable que el golpeado Jamie Moyer. Uno supone que el pitcheo abridor de Tampa puede ir más lejos que el de Filadelfia.

Joe Maddon está satisfecho con el rendimiento de su relevo. Brad Lidge, de los Filis, puede ser visto en una esfera superior, pero ya veremos cuántas oportunidades de salvar se le presentan. La juventud, ese tesoro que tanto apreciaba el poeta, brilla en Tampa. Y entre la nueva generación, levanta su brazo zurdo David Price, de 23 años, capaz de meterse a las brasas y salir ileso pese a su falta de experiencia, pero con el atrevimiento y la confianza necesaria en sus facultades para fajarse. Price debe ser un gran soporte para Dan Wheeler, derecho de 29 años conseguido de Houston.

Chequeen esto: Longoria y Price tienen 23 años; Kazmir, Navarro y Upton 24; Aybar Garza, J. P. Howell y Sonnanstine 25. ¡Qué clase de base tiene Tampa para el futuro! Así que, a menos que ellos envejezcan repentinamente o se les olvide lo aprendido en un curso intensivo, son los favoritos.