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Vicente Padilla y Everth Cabrera mantendrían agitadas todas las ventanillas de boletos en nuestro béisbol profesional. No se tiene la menor duda alrededor de eso, pero es una especulación inútil. Lo cierto es que nuestro béisbol resulta muy pequeño para ellos en todo sentido. Padilla, que varias veces ha levantado el voltaje del Chinandega y el interés por ver a ese equipo, decidió replegarse al regresar de Japón, en tanto Cabrera prefirió someterse a una preparación más intensa y viajó muy temprano a Estados Unidos, obviando el intento de solicitar permiso a los Padres para poder entrar en acción aquí.

¡Ah, con ellos la Liga estaría ardiendo sin importar qué equipo va adelante en la tabla de posiciones! Clyde Williams y Yurendel de Caster fueron grandes atracciones antes de naufragar en esta edición, pero no lo es Williams Vásquez pese a su liderato de bateo y esa racha de 23 juegos bateando de hit. Quizás porque se trata de un conocido, no de alguien que vino directamente a provocar un estallido como ocurrió en los viejos tiempos con Marvin Throneberry, “El Borrego” Álvarez, George Scott y Lou Jackson, solo por mencionar algunos, con ciertos casos extraños como el de Felipe Montemayor, quien estableció marca jonronera, pero con menor repercusión que los antes mencionados en lo referente a captación de atención.

El material casero no era abundante, aunque Duncan Campbell, Rigo Mena, Willie Hooker y “El Ñato” Paredes fueron en casi todo instante figuras dominantes, oro de 24 kilates. Algo que Jimmy González debería de ser, sin embargo, el serio problema en que se vio involucrado, carcomió su incidencia. Con nicas moviéndose en el béisbol de las Menores, bateadores como Jilton Calderón, Justo Rivas, Renato Morales y otros, se quedan cortos no en cifras, pero sí como figuras de grandes proyecciones.

Carlos Pérez Estrella ha construido un meritorio reconocimiento como tirador y es el líder en efectividad, seguido de un veterano construido con el material del Coliseo romano, Diego Sandino. Son pítcheres que vienen del “Pomares” y la valoración sobre ellos tiende a ser discreta. Lamentablemente, no podemos ver a Erasmo Ramírez y Wilton López, lanzadores que elevarían el rango de la Liga y serían factor de motivación para los fanáticos. Los staffs de la Profesional vistos entre 1956 y 1967, disponían de dos y hasta tres brazos impresionantes. El Bóer juntó a Phil Reagan y Jack Kralic. Cubanos como José Ramón López, Vicente López, Luis Tiant, Miguel Cuéllar, Jiquí Moreno y Conrado Marrero, eran una garantía para el espectáculo, igual que Dick Scott, Jack Billigham o Jim Weaver.

Ahora, financieramente eso es imposible, y ni siquiera podemos contar con lo mejor del material casero. Sin figuras en el escenario, se debilita el interés del público.

 

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