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El Arsenal se dejó dos puntos y el liderato de la Premier (tiene los mismos puntos que el Liverpool, pero pierde el golaveraje) ante un Chelsea ramplón, pero efectivo. El encuentro admite dos interpretaciones. Habrá quien piense que Mourinho nos privó de un espectáculo mayor, pero habrá también quien elogie al técnico portugués por su acierto en la estrategia, por ganar la partida de ajedrez a Wenger y, sobre todo, por llevarse un punto de su visita al hasta esta jornada líder de la Premier.

El partido fue un tostón. No hay duda. Pero Mourinho vio que esa era la mejor manera de hacer daño a un Arsenal con más toque que peligro. Puso un autobús blindado en la defensa, se replegó con tres centrocampistas para frenar la magia del dúo Özil-Ramsey y alineó a sus tres hombres más veloces en la punta del ataque para sorprender al contragolpe.

En la primera mitad, pese a la errática actuación de Willian, la táctica le dio la razón. El Arsenal tuvo la posesión, pero perdió en todo lo demás. Sin Cazorla, solo un imponente Arteta (y destellos fugaces de Özil) destacó entre la nadería general. El español dominó el tempo, pero sin la colaboración de sus compañeros su equipo ni siquiera se arrimó a la meta de Cech, mientras que el Chelsea, con poco brillo, gozó de tres ocasiones bastante peligrosas.

Ramires mandó un cabezazo por encima del larguero, Lampard estrelló un disparo al larguero tras una asistencia genial de Hazard y Willian perdonó ante Szczesny un contragolpe bien armado por el mediapunta belga. Con esas tres oportunidades blues y una entrada fea de Mikel a Arteta se llegó al esperado descanso. El árbitro Mike Dean perdonó la roja al centrocampista del Chelsea en esa jugada y tras el descanso quiso compensar al Arsenal con varias decisiones desacertadas.

Más allá de ese antagonista inesperado, el encuentro siguió el mismo guion. Se buscó más no fallar que ganar y en esa batalla del miedo el Arsenal pudo dar la estocada en su primera gran ocasión, a diez minutos para el final. Rosicky armó el contragolpe y tras pasar por la batuta de Ramsey le llegó a Giroud, que mandó su disparo al lateral de la red. El francés tuvo otra oportunidad de redimirse a cinco minutos del final, tras una buena internada del lateral Gibbs, pero volvió a mandar el balón fuera dejando al Arsenal sin ningún tiro entre los tres palos. Mourinho vio entonces el peligro y acabó dando entrada a David Luiz por Torres en una muestra de que el empate fue una victorial moral para él, que tras 10 encuentros sigue sin saber lo que es perder ante Wenger.