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Para muchas publicaciones especializadas y agencias internacionales como AP, ese “Dinosaurio” que puede ser visto haciendo estragos en las candentes canchas de la NBA con la chaqueta del Heat de Miami, Lebrón James, es el mejor atleta de 2013 en el repaso de todos los deportes.

Naturalmente, no hay duda sobre la inmensidad que ha alcanzado James en el mejor año de su brillante carrera. Debió ser el primer Más Valioso de la NBA, por unanimidad, pero un cronista de Nueva York prefirió a Carmelo Anthony, pese a que LeBron, envuelto en llamas, impulsó al Heat al registro del mejor balance en la Serie Regular, y fue el mejor jugador en cada partido del equipo en los Play Offs, incluyendo las derrotas, lo cual tiene que ser calificado como un alarde. James se estableció como la figura cumbre mientras atravesaba todas las etapas hasta llegar a su cuarta final en lo personal, y tercera consecutiva con el Heat.

LeBron es una fuerza de la naturaleza y está construyendo cifras que podrían llegar a ser tan indestructibles como las Pirámides de Egipto. Sin embargo, ha estado agobiado por la persecución del fantasma que Michael Jordan dejó flotando sobre la NBA, forzando comparaciones.

Como lo hemos dicho reiteradamente, Jordan fue en todo instante magia pura. Alguien escapado de la Lámpara de Aladino para fabricar milagros de diferentes maneras. Una mezcla de David Cooperfield y de Chris Angel. Lo que hacía parecía fantasioso, irrepetible. Su grandiosidad sin medida lo convierte en un intocable, y hace pensar que por mucho que LeBron llegue a impactar, siempre estará detrás de Jordan.

Ambos ganaron su primer título de la NBA a los 27 años, y arañando los 28, LeBron, actualmente instalado en la cima del Everest, lo aventaja en reconocimientos como Mas Valioso (4 por 2). En 2007, con solo 22 años, LeBron que fue Novato del Año en 2003, llevó a las finales de la NBA a los Cavaliers de Cleveland, un equipo que dos años antes, no figuraba en los Play Offs, en tanto Jordan, Novato del Año en 1985, llevó a los Bulls a las finales en la temporada 90-91, después de haber sido eliminados con él adentro, por los Celtics de Boston, que los barrieron dos veces en la primera serie, y por los Pistons de Detroit, que fueron tres veces sus verdugos, una en semifinales, y otras dos en finales de Conferencia.

Lo que Jordan hizo después, supera lo asombroso y lo dimensiona por encima de cualquiera, en tanto James, empeñado en la conquista de otro título, un reto muy exigente, es hoy más líder que nunca, y recibe este reconocimiento, como una inyección de estímulo en su momento de mayor crecimiento, golpeando las puertas del futuro.

 

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