•   Osaka, Japón  |
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Terminé de ver la pelea Ioka-Alvarado por YouTube 24 horas después, y mi frente estaba sudando después de la intensidad desplegada a través de un esfuerzo incansable, hinchándose round tras round, con el pinolero Alvarado yendo hacia delante en todas las circunstancias incluso las adversas, fajándose sin medir los riesgos, cambiando golpes temerariamente sin dar ni pedir tregua, y el japonés sacándole provecho a una ventaja matemática de gran significado: dos ojos ven más que uno.

Con varios rounds muy difíciles de juzgar y los puntos de vista balanceándose en el trapecio de la equivocación, no voy a discutir el triunfo de Ioka, más calmo, más preciso, y con los tres golpes de más poder: la derecha que impactó de lleno el ojo izquierdo del nica en el tercero, los golpes que tiraron su cabeza hacia atrás en el noveno, y el que le sacó el protector bucal en el décimo, con la pelea humeante.

Ioka es un buen peleador, pero sin posgrado, es decir, al alcance de alguien bravo, insistente y resistente como Alvarado, capaz de quitarlo constantemente del centro del ring y acercarlo a las cuerdas, impidiéndole establecer la distancia, y obligándolo a forzar cambios de golpes. Claro, el japonés estaba consciente de poder aguantar las embestidas del nicaragüense y disponer de recursos para no quedarse mucho tiempo en las sogas, sobre todo, porque Alvarado todavía tiene como asignatura pendiente, aprender a cerrar salidas con golpeo lateral. Tengo a Ioka con dos puntos de ventaja atravesando rounds discutidos, preocupado en todo instante por no poder sujetar a un rival, que fue perdiendo la visión de su ojo izquierdo sometido a cinco revisiones, llegando casi a ser total. Hay que agradecerle enormemente al nicaragüense, que colocó ese déficit a un lado para permanecer proponiendo tercamente una pelea agitada, manteniendo inalterable su estilo frontal de ataque, disparando manos desde cualquier ángulo, sin importarle el desgaste físico que produce fallar golpes de swings largos.

Que dos tarjetas hayan mostrado distancias tan largas como la que separa Roma de Madrid, se explica en estos tiempos, cuando hay que fijar un ganador de cada round por muy equilibrado que haya sido, descartando lo justo y necesario que es el empate 10-10, algo que conservo para mis consideraciones.

No fue un peleón. De ninguna manera, pero sí muy interesante, con Alvarado “tuerto” pero entregado, ejerciendo presión, obligando a Ioka a mantener sus dos ojos bien abiertos, muy ocupado en neutralizar ofensivas, sin tiempo para especular, algo que facilita una amplia ventaja.

Naturalmente, hay que trabajar con Alvarado en su proceso evolutivo, pero debe sacar provecho de esta experiencia en tierra extraña, para seguir afilando ese estilo de pelear con su espada desenvainada, que es algo vocacional y tiene que ser irrenunciable.

 

dplay@ibw.com.ni