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Quienes lo vimos en acción, no lo olvidaremos. Su brillo fue muy fuerte.

Postes y travesaños gimen. Están tristes. El cielo de nuestro pequeño fútbol viste de duelo. Ha fallecido Eduardo “Caramelo” Terán, uno de los arqueros que más emocionaron a las tribunas con sus reacciones frente a lo inesperado, elevándose y proyectándose hacia las esquinas, saliendo decididamente a tomar riesgos para achicar espacios y ofrecer su cuerpo en barridas quema grama o traga-arenas frustrando posibilidades.

Nacido en 1958, casado con Martha Cedeño en 1980, padre de María Gabriela (31) y Eduardo José (26), hermano de Silvio, otro arquero, con estudios de Zootecnia, “Caramelo” fue un producto de las escuelas de fútbol que manejó Eugenio Leytón, y de las ligas de barrios, antes de entrar en fase de afilamiento con Omar Muraco y Salvador Dubois.

Estuvo con la UCA entre 1975 y 78 y pasó a los Búfalos hasta 1984, aterrizando en la Selección Nacional, en una época en la que tuvo que fajarse con Róger Gutiérrez y Ricardo Hernández, quienes brillaron en el fútbol guatemalteco.

Medía 1.81 metros, muy flexible y seguro, y en un momento crucial para decidir su futuro, colocó a un lado sus estudios por el fútbol, retando el criterio de su familia. “No me arrepiento”, me dijo hace unos meses conversando en su casa. “Estoy muy agradecido con todo lo que me proporcionó el fútbol”, aseguró con una sencillez conmovedora, resistiendo las embestidas del cáncer, diagnosticado en octubre del 2012.

Metástasis en la columna vertebral, cáncer de próstata y una serie de agudos problemas colaterales, lo hicieron retroceder hasta inflar las redes de su cabaña, como un boxeador cuando es llevado contra las cuerdas. Eso sí, fue terco en su resistencia como en sus tiempos de chavalo ansioso por llegar a ser alguien en el fútbol, cuando se tiraba tras las pelotas sobre la dureza del pavimento y sin rodilleras.

No había forma de escapar a la emboscada, y finalmente fue vencido. No pudo desviar el implacable y certero zarpazo de la muerte. Quienes lo vimos en acción, siempre lo recordaremos. El cielo de nuestro pequeño fútbol, viste hoy de duelo.